El Alzheimer: prueba de amor para familias hispanas

Muchos latinos asumen la responsabilidad de cuidar un familiar con esta enfermedad
El Alzheimer: prueba de amor para familias hispanas
Omar Echeverry dice que es gratificante cuidar a su mamá, Carmen, que tiene Alzheimer.
Foto: Migdalia Fernandez / La prensa

Orlando – Cuando una persona cercana se enferma, la tarea de ayudarle es inevitable. Y cuando se trata de un ser muy querido, la responsabilidad se convierte automáticamente en un acto de amor profundo.

Así es cuidar una persona que padece demencias o el mal de Alzheimer, enfermedad que hace que la persona afectada pierda su memoria progresivamente, hasta el punto de no reconocer sus familiares y seres más allegados.

Para los cuidadores es como despedirse de la misma persona todos los días. Puede ser tan triste como un funeral que nunca se acaba, un proceso largo donde el familiar siente que la persona que está allí ya no es la persona que ellos conocieron o amaron.

Muchos hispanos tendrán que asumir la responsabilidad de cuidar un familiar con este tipo de enfermedad, ya que los latinos son más propensos a contraer este mal.

Según un estudio médico nacional, habían unos 200,000 hispanos con Alzheimer’s en Estados Unidos en 2004 y se espera que, para 2050, la cantidad se eleve a unos 1.3 millones de latinos o más de un 500%.

Además, la Asociación de Alzheimer estima que los hispanos caribeños están en un riesgo de 1.5 más probabilidades de desarrollar la enfermedad que los blanco no hispanos por la ausencia de una proteína conocida como ApoE 4, que aparenta tener una conexión directa con el riesgo acumulativo para esta enfermedad.

A veces las demencias pasan desapercibidas en los hispanos porque no se tratan clínicamente o porque se consideran parte del proceso de envejecimiento.

Pero lo cierto es que personas latinas han hecho un sacrificio para cuidar un allegado con Alzheimer, ya que los hispanos son la población que cuida más de sus parientes en la tercera edad desde el hogar, según la Asociación de Alzheimer y los Institutos Nacional para la Salud (NIH).

El interés por el bienestar de nuestros envejecientes en muchas ocasiones retoma el amor que ellos sintieron por nosotros en nuestra infancia.

“Ella (mami) me dio mucho y es tiempo de cuidarla”, reflexiona Omar Echeverry, corredor de bienes raíces en Orlando, de 38 años, quien cuida todas las noches a su madre, que padece del mal de Alzheimer.

“Jamás hubiera pensado que le cambiaría el pañal a quien me lo cambió a mí”, dice Echeverry. “No es fácil, pero se hace con mucho amor”.

La rutina de Echeverry, a quien le gustaba disfrutar de la música y la vida de pareja, se vio interrumpida indefinitivamente por la condición de su mamá Carmen León Texeira, de 72 años. Sin embargo, su dedicación y esfuerzo diario es admirable. Esta tarea surge natural en su corazón y es un trabajo compartido con el resto de su familia.

“Tenemos un itinerario donde la van a cuidar más de siete personas. Somos una familia bien unida y mamá es muy importante para nosotros”.

Todos los días Echeverry sale de su trabajo para luego ir a visitar la casa de sus padres, donde le cuida, asea y le da amor a ese ser querido aunque ya ella no le reconozca.

“Fue muy dura esa etapa donde no me conocía, pero aprendí que ella sufre más en su condición que yo y que es egoísta sentirme mal si no me reconoce”, cuenta.

Esta es la realidad triste de muchas familias que enfrentan enfermedades de demencia como el Alzheimer. Lamentablemente el paciente comienza en retroceso hasta el punto en que no puede manejar sus necesidades básicas ni reconocer a sus seres queridos.

Echeverry, como hijo, cuida amorosamente de su mamá todas las noches mientras el resto de la familia hace turnos en otras horas del día. “Es un trabajo de equipo y no creo que nadie lo pueda hacer solo”, dice.

Comenta que el trabajo, aunque arduo, es “gratificante saber que soy yo quien puede hacerlo como es debido”.

El cuidador invierte tanto tiempo y energía en su ser querido que hasta se puede enfermar. También, el cuidador tiene que aprender algunos procedimientos médicos, por ejemplo cómo funcionar una máquina de oxígeno o cómo cambiar un pañal o un catéter.

A pesar de todo esto, el que cuida de sus familiares enfermos siente la recompensa de ese sacrificio como muestra de amor.