El hombre que sacó a Rivera del papado

El hombre que sacó a Rivera del papado
Joaquín Aguilar, nacido en Puebla, espera que se haga justicia.
Foto: edlp

MÉXICO, D.F. — Pocas personas viven el día a día de la máxima filosofía de Confucio sobre la paciencia como madre del éxito. Joaquín Aguilar, nacido en Puebla en 1980 es uno de ellos desde que tenía 13 años y fue violado sexualmente por un sacerdote católico que convenció a sus padres para hacerlo monaguillo.

Hoy tiene 33 años, 20 indignado, casi siete en tribunales de Los Ángeles y más de una década en los mexicanos.

A veces se desespera pero no pierde los ánimos con todo y los impulsos que a lo atormentan para caerle arriba a su agresor, el cura Nicolás Aguilar sobre quien pesan más de 500 acusaciones de pederastia en México y Estados Unidos.

“Sé donde está, lo tengo bien ubicado. Itinerante en el estado de Morelos –aledaño al Distrito Federal- de parroquia en parroquia acompañado de otro prófugo por abusar de niños”, describe Aguilar en entrevista con este diario sobre la impotencia de tener el blanco de su odio tan lejos y tan cerca.

“El problema es ¿qué hago con él?, el delito ya prescribió, no hay una orden de aprehensión en su contra porque las pruebas fueron desaparecidas o manipuladas por las autoridades, entonces, ¿lo golpeo? ¿me comprometo legalmente ? No, ese no es el camino”.

Su vía es un manjar que se come frío. De cosechas a largo plazo como el bloqueo del arzobispo primado de México Norberto Rivera rumbo al Vaticano con la demanda que interpuso como representante en México de la Red de Supervivientes de los Abusados por Sacerdotes (SNAP).

El jerarca católico es acusado junto con el arzobispo de Los Ángeles Roger Mahony de encubrir a curas que abusaron de menores en México y EEUU a quienes trasladaban de parroquia en parroquia donde reiteradamente repetían sus conductas delictivas.

Un intercambio episcolar entre los sacerdotes, Rivera trasladó al cura Aguilar de la diócesis de Tehuacán, Puebla, a Los Ángeles cuando cuatro muchachos denunciaron los presuntos abusos sexuales, entre ellos Joaquín, en 1995.

“Mi caso público en 2006 sacó de los papables a Norberto Rivera”. ¿Tenía esas pretensiones? Por supuesto. “Hasta antes de la demanda hacía todo lo posible por tener presencia en los medios de comunicación, opinaba de política, de conflictos sociales, de religión… se estaba empoderando”.

Antes de la elección de Francisco -de origen Argentino- en los países con mayor presencia de católicos en el mundo, principalmente Brasil y México, se pensaba en un sucesor de Benedicto XVI de origen latinoamericano, aunque en este último la sombra del fundador de los Legionarios de Cristo Marcial Maciel ya comenzaba a pesar.

“Cuando lleve mi caso a EEUU, donde quería atraer la jurisdicción, nadie creía en mí: los críticos me querían quemar en leña verde, pero poco a poco se ha demostrado la podredumbre”.

La más reciente bofetada contra la Iglesia Católica la recibió Mahony y la arquidiócesis angelina, que deberá pagar a cuatro víctimas $10 millones, según un arreglo al que llegaron en día pasados. México es el gran pendiente.

Joaquín tiene esperanzas. Es un hombre de fe. De lo contrario no sería un feliz padre de familia con un bebé de un año ni hubiera estudiado derecho para llevar personalmente su caso y el de otros.