Mandela el extraordinario

Mandela el extraordinario
Imagen de archivo del líder sudafricano Nelson Mandela.
Foto: efe

Quisiera que Nelson Mandela viva otros noventa y cuatro años. Pero es inevitable que dentro de poco estaremos lamentando su muerte y conmemorando su vida increíble.

Las conmemoraciones celebrarán la fuerza –física y moral– de un hombre que personifica la lucha contra el apartheid en Sudáfrica.

Esa parte de su vida es extremadamente impresionante. Hay pocos en este mundo que podrían liderar un movimiento contra la opresión, sobrevivir 27 años de aislamiento en una celda, negociar una transición pacífica hacia un gobierno mayoritario, y llegar a ser presidente.

Pero de sus noventa y cuatro años, para mi los que más impresionan son los años en que compartió la presidencia con FW de Klerk, el líder de Partido Nacional, defensor del sistema de apartheid.

Son esos años que muestran la capacidad de Mandela de mantener su sagacidad en esos momentos de mayor emoción, cuando la mayoría de los sudafricanos, oprimidos por generaciones, obtuvieron la oportunidad –algunos dirían la obligación– de castigar a la comunidad blanca por tantas violaciones por tantos años.

Hubiera sido una catástrofe. Sin duda la economía se hubiera paralizado. Pero es posible que hubiéramos presenciado una guerra civil entre los millones de oprimidos y una minoría blanca que seguía en control del aparato de seguridad interna.

Fue en ese momento en que Nelson Mandela decidió extender una mano al representante de su enemigo mortal para compartir la gobernación de la nación durante esa transición tan delicada.

Fue un momento de política extraordinaria, sobre todo porque Mandela arriesgaba la pérdida de sus seguidores más importantes.

Pero también fue muestra de una increíble fuerza emocional y moral. Somos pocos en este mundo que podríamos unirnos con el representante de la fuerza que por tantas generaciones nos ha violado en formas tan profundas.

Estoy seguro que en mi vida no habrá otro Nelson Mandela. Que viva otro siglo, y que en paz descanse cuando le toque dejar el mundo terrenal.