Fútbol, negocio para algunos en la Confederaciones

Reventa y otros sucesos se presentan cerca de algunos estadios donde se están jugando partidos de la Copa Confederaciones.
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Fútbol, negocio para algunos en la Confederaciones
Foto: AP

Río de Janeiro, Brasil.- El fútbol es un negocio, sobre todo para aquéllos que no están directamente implicados, aún para quienes seguramente nunca han calzado unos “tacos”; sin embargo, son los que logran las mayores ganancias, como los revendedores que nada tienen que envidiar a los de México, aún cuando esos son expertos en la materia.

Al igual que en la “Gran Tenochtitlán“, la reventa está prohibida; sin embargo, las autoridades tampoco hacen mucho para evitarla, sobre todo a la salida de la estación del metro “Maracaná“, donde se pueden encontrar a la mayoría de los “amos del mercado negro”.

Las ganancias son jugosas, y el regateo aún más, inclusive hasta empellones hay, eso sí, amistosos, cero violencia; pero sin dar margen de perdida, ya que todo se trata de ganarle, como sea.

El idioma no importa, español, italiano, “portuñol” o hasta “italo-porto-portuñol”, al final lo que importa es el lenguaje del dinero, que es el que da el meyaor entendimiento.

La situación es clara, si tienes con qué pagar se empieza la negociación, como marchante en mercado, si no, el revendedor ni siquiera se “digna” a ver al demandante, quien debe invertir al menos 100 reales más (poco menos de 50 dólares) para adquirir un boleto.

Un ejemplo claro de que la “ley de la oferta y la demanda” funciona en todos lados, fue la compra que hizo un aficionado mexicano radicado en Río de Janeiro, que para ver a la selección “azteca”, luego de mucho de no hacerlo, tuvo que desembolsar 250 reales por un boleto, cuyo precio original era de 150.

Además que necesitaba otro para su “namorada”, que en sus palabras, es una hermosa carioca que lo flechó, como si fuera la “Diana Cazadora” desde la primera vez que la vio.

Contrario a lo que sucede en los alrededores del estadio Azteca o el Azul, ambos en la Ciudad de México, aquí la gente que tiene sus casas cerca de este mítico inmueble no le sacan tajada a esta pasión, ya que ellos no pueden cobrar por permitir a alguien estacionarse.

Sólo en algunas zonas es posible hacerlo, por un pago de dos reales (un dólar aproximadamente), lo cual funciona en forma de parquímetro o a menos que alguien decida rentar su cochera a un aficionado que no quiera caminar mucho para encontrar su coche o tampoco trasladarse en metro, se puede llegar a un arreglo, el cual no va mas allá de los 20 reales (10 dólares).

Son pocos, sin embargo, quienes deciden hacer algo así, ya que prefieren la tranquilidad de un domingo, sin importar si hay una entrada extra, y vivir su pasión, el fútbol, sólo cuando la “verde-amarelha” sea la que esté sobre la cancha.