‘Prisoners’ es un retrato perturbador de venganza

Crítica de cine: Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal encabezan el reparto de un dramático filme de suspenso sobre la tragedia de un secuestro.
‘Prisoners’ es un retrato perturbador de venganza
Jake Gyllenhaal y Hugh Jackman en una escena de 'Prisoners', que se estrena el viernes.
Foto: Warner Bros

Un lugar cualquiera del país. Dos familias aparentemente felices. Un Día de Acción de Gracias en el que todos celebran la ocasión.

Pero el secuestro de dos niñas alterará para siempre la sensación de seguridad y las creencias morales de cada personaje afectado por la tragedia.

Prisoners —que se estrena este viernes y ha sido clasificada R— sigue la reciente tradición de “thrillers” al estilo europeo, como The Girl with the Dragon Tattoo o las series The Killing —con su respectivo “remake” local— y The Fall —que protagoniza una espléndida Gillian Anderson—.

Se trata de producciones de sensaciones ásperas, de escenarios gélidos, donde un evento transforma completa, radical y dramáticamente el día a día de cada uno de sus personajes (en cierta forma beben de títulos literarios —y adaptaciones cinematográficas— como In Cold Blood, de Truman Capote).

En el caso de Prisoners, el eje del relato se centra en Keller Dover (Hugh Jackman), un estricto padre de familia, casado con Grace (Maria Bello) y con dos hijos, Ralph (Dylan Minnette), ya un adolescente, y Anna (Erin Gerasimovich), la pequeña de la casa.

Durante un evento festivo en el hogar de sus vecinos, los Birch —Franklyn (Terrence Howard), el padre, Nancy (Viola Davis), la madre, y Eliza (Zoe Borde) y Joy (Kyla Drew Simmons)—, esta última y Anna desaparecen.

Un detective local, Loki (Jake Gyllenhaal), que celebra el Día de Acción de Gracias solo en un restaurante, se encargará del caso que, en principio, parece quedar resuelto con el arresto de Alex Jones (Paul Dano), quien es puesto en libertad por falta de pruebas y por su condición intelectual.

El filme del canadiense Denis Villeneuve (Incendies, 2010) expone cada uno de los detalles y reacciones del suceso, siguiendo a cada personaje con distancia y nunca obsesionándose por su reacción emocional.

Son dos horas y media de metraje donde el guión construye, pieza por pieza, un drama intenso, perturbador y, por qué no decirlo, hasta terrorífico, acerca de padres que cruzarán todo límite legal y moral con el fin de encontrar a sus hijas, policías que observan el drama con profesionalismo pero sin humanidad, individuos culpables por su inocencia y criminales que se refugian en su maldad y en Dios como justificación de sus actos.

El conjunto es visualizado con elegante frialdad (la fotografía de Roger Deakins —Skyfall—, nominado a diez Oscar, es precisa en su simplicidad) y son los actores —especialmente un estremecedor Hugh Jackman— los que convierten un guión algo forzado en una fotografía inquietante de un mundo donde cualquiera puede terminar en los recovecos más oscuros del alma humana.