‘Rush’ se confirma como un drama extraordinario

Crítica de cine: 'Rush', de Ron Howard, es una cinta sobre la rivalidad entre Niki Lauda y James Hunt en los circuitos de Fórmula Uno en los años 70
‘Rush’ se confirma como un drama extraordinario
La pareja protagonista de 'Rush', Chris Hemsworth (izq.) y Daniel Brühl.
Foto: Universal Pictures

El cine de deportes tiene un problema: por un lado, no a todo el mundo le interesa uno de concreto. Una biografía acerca de un jugador de béisbol (por ejemplo, la reciente 42) puede que la traiga sin cuidado a uno que disfrute del atletismo (Chariots of Fire), y éste puede que no preste atención a cualquier producción que gire en torno al futbol tradicional (Goal!).

Pero si la película cuenta con un guión interesante, que vaya más allá de una mera cinta deportiva (caso, por ejemplo, de Field of Dreams o Any Given Sunday), el espectador no tiene que saber nada del deporte en cuestión.

Simplemente acepta una historia bien contada.

Rush va mucho más allá que contar un relato deportivo adornado con toques dramáticos.

Es, además, uno de los mejores filmes del año y, sin lugar a dudas, el mejor de la carrera de su director, Ron Howard, que incluye cintas tan variadas como Splash!, Willow, Backdraft, The Paper, Apollo 13, Ransom, A Beautiful Mind, The Da Vinci Code y su secuela, Angels & Demons.

El filme llega tras su excelente Frost & Nixon (de la comedia The Dilemma mejor no hablar), que escribió su mismo autor teatral, Peter Morgan. Éste repite en tareas de redacción de un libreto que presenta el enfrentamiento en los circuitos de carreras de Fórmula Una (y fuera de ellos) entre Niki Lauda (Daniel Brühl) y James Hunt (Chris Hemsworth), que marcaron una época en el automovilismo.

Rush —que se estrenó la semana pasada en un puñado de salas y hoy se expande al resto del país y ha sido clasificada R— maneja esa rivalidad con inteligencia: la presentación de sus personajes, intenciones y características intrínsecas les sirven a Morgan, Howard y a los actores para crear un retrato certero no sólo de unos hombres y las mujeres que los acompañaron, sino también de una época, la de la segunda mitad de los años 70, que aparece dibujada con precisión y considerable melancolía (algo en lo que ayudan un diseño de producción y una partitura musical soberbios).

La estructura “in crescendo” de la cinta —al principio todo parece discurrir sin demasiado entusiasmo: no se engañe, porque forma parte del plan de sus responsables el mostrar primero los detalles y después el “grand finale”— ayuda a que el espectador conozca paso por paso los pormenores de la batalla sobre ruedas entre Lauda y Hunt.

Pero entre carrera y carrera —visualizadas con maestría por una cámara de Howard que parece emular a la del desaparecido Tony Scott—, lo que en realidad emerge es un análisis emotivo sobre una amistad imposible, de dos individuos opuestos en actitudes, pero obsesionados por el triunfo y su desafío a la muerte.

Los actores aciertan en sus impecables encarnaciones, pero es el español Daniel Brühl quien tiene la difícil función de transformar a Lauda en una figura entrañable.

El actor lo logra con una sutilidad y transformación física encomiables, que ayudan a hacer de Rush un título cumbre en las carreras de todos sus responsables.