Resisten deportación

Heamstead, Long Island

Cuando Antonio y María Ayala emigraron a los Estados Unidos en 2001 decidieron dejar atrás a su hijo adolescente, Wilfredis, que se quedó en El Salvador con una tía.

Unos amigos acogieron a la pareja en Hempstead, el mayor enclave “guanaco” del condado Nassau, Long Islan. Al poco tiempo consiguieron trabajo, él como jornalero, ella tendiendo camas en un hotel.

Luego de muchos sacrificios, en 2005 lograron juntar los 6,000 dólares que necesitaban para traer a su hijo desde Centroamérica. Después de viajar en auto hasta la frontera con EEUU, un coyete lo cruzó por el desierto de Arizona, pero el grupo en que viajaba fue interceptado por la patrulla fronteriza. Wilfredis, ya de 19 años, fue arrestado y llevado a una cárcel en Texas.

Dado que Antonio y María se habían acogido al Estado Temporal de Protección (TPS, por su sigla en inglés)—un permiso transitorio de residencia otorgado por a inmigrantes de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Haití, entre otros países—el juez interviniente dejó a Wilfredis en libertad con la condición de abandonar el país en un plazo de dos meses.

Wilfredis nunca lo hizo, y se quedó en Long Island con sus padres. Hace cuatro años, su compañera Wendy le dio un hijo, Justin.

Todo parecía andar bien hasta que en enero de este año Wilfredis fue arrestado por cruzar las vías del Long Island Rail Road por un lugar prohibido. Cuando en el cuartel policial tomaron sus datos, la computadora indicó el antecedente judicial de 2005. En consecuencia, otro juez ordenó la deportación de Wilfredis. El joven se encuentra hoy en un centro de detención en Nueva Jersey esperando ser deportado.

“Su deseo era estudiar, pero no pudo porque se dedicó a trabajar para reunir dinero y mantener a su familia”, dice Wendy, de origen guatemalteco. “Hoy esperamos un milagro”