El embarazo o la cárcel para las mujeres
Dos cambios importantes, uno legal y otro tecnológico, están cambiando el panorama para el aborto en este país.
En el ámbito legal, el movimiento contra el aborto sigue teniendo éxito construyendo obstáculos para las mujeres que buscan terminar un embarazo. Ha sido imposible revertir la decisión Roe v. Wade, de 1973, en que la Corte Suprema declaró que el aborto es legal. Pero en muchos estados cada año es más difícil conseguir el procedimiento médico, aunque sea legal.
En estos estados, la mujer que busca un aborto se tiene que someter a requisitos sumamente onerosos por ejemplo, dos sesiones seguidas con un terapeuta, o el permiso de un doctor. Las clínicas se tienen que conformar con reglamentos costosos. Los médicos necesitan permisos que muchas veces tienen poco que ver con el aborto. Es una estrategia legal efectiva. ¿Qué importa que el aborto siga siendo legal si es inaccesible?
Es aquí donde entra el segundo cambio. Aunque sea más difícil acudir a una clínica para obtener un aborto, hoy es más fácil usar medicamentos para evitar o interrumpir un embarazo. Estos medicamentos incluyen el llamado Plan B, que previene la fertilización, y sustancias químicas como el mifepristone que impiden el embarazo.
Y es más fácil comprar estos medicamentos por el Internet y usarlos en casa sin la ayuda de un doctor.
¿Qué implican estos cambios para la polémica sobre el aborto?
Implica que el eje de las estrategias legales se moverá. Hasta ahora el énfasis ha sido sobre el doctor el que está matando bebés, de acuerdo a los que se oponen al aborto, y los héroes para los que lo defienden. Pero si el doctor importa menos, será la mujer quien recibirá más atención junto con sus madres, hermanas y amigas que la están ayudando a terminar un embarazo.
Así debería ser. La mujer embarazada es la que tiene que sufrir el embarazo, la que tiene que tomar la decisión, y la que tiene que vivir con las consecuencias, que durarán toda su vida. Ella debería ser el centro de nuestra simpatía.
Pero hay una consecuencia nefasta de estos cambios, que le dan a la mujer mayor control sobre el aborto. Y es que los que quieren limitar el aborto tendrán que modificar sus estrategias legales y apuntarlas hacia la mujer en vez del doctor. Tratarán de criminalizar lo que hace la mujer, acusándola de narcotráfico o de abuso de drogas (suponiendo que el aborto en sí siga siendo legal).
Será un día trágico cuando haya mujeres enfrentando la cárcel por usar drogas legales para un tratamiento legal. Será cuando el movimiento contra el aborto podrá marchar bajo una bandera que dice: ¡El embarazo o la cárcel!