Motor de liderazgo

Ingenieros hispanos muestran el camino a las nuevas generaciones

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Para el ingeniero Joaquín Nuño-Whelan, un líder debe inspirar y crear un equipo fuerte.
Foto: SUMINISTRADAS

@JoaquinBotero

Joaquín Nuño-Whelan y Diana Ortega se cruzaron en sus épocas de estudiantes universitarios en Michigan, luego en México cuando fueron de misión a las plantas de General Motors donde han crecido como ingenieros estrellas, y la semana pasada en la Conferencia Anual de la Sociedad de Ingenieros Hispanos, SHPE, donde mostraron a las nuevas generaciones las ventajas de la profesión y el camino al liderazgo.

“Es una oportunidad que den una mano e inspiren una nueva generación de ingenieros hispanos”, dijo GM un comunicado.

“GM contrató 26 ingenieros hispanos durante la Conferencia del SHPE del año pasado y nuestro objetivo ahora es contratar aún más”, dice Ortega. Se ofrecieron talleres en temas como entendimiento cultural, desarrollo de liderazgo y tecnología. Hubo muestras de nuevas tecnologías, interacción con reclutadores e intercambio de contactos laborales.

El abuelo mexicano de Joaquín Nuño-Whelan (37), ingeniero jefe de mercados emergentes en General Motors, era tan machista y tradicionalista que no aceptó que su hija asistiera a la universidad. Ella vino desde Jalisco a los tres años y terminó siendo maestra y feminista, que bautizó a su hijo con el apellido suyo antes que el de su esposo de origen irlandés.

Joaquín nació en Nuevo México y pasaba las vacaciones donde sus abuelos en el sur de Detroit donde había muchos inmigrantes de Jalisco. Desde entonces soñó con trabajar en la industria automotriz. Estudió ingeniería mecánica y se vinculó con la GM como probador de modelos a los 19 años. “Un trabajo soñado”, dice.

Le gustan los retos, aprovechó las oportunidades de viajar. También estudio en el Instituto Tecnológico de Monterrey, lo que recuerda como “el mejor semestre de mis años universitarios y una experiencia que me cambió la vida”. En el centro de ingenieros de GM en Toluca, Joaquín ayudó a crear el primer equipo de robótica en el país.

Trabajó en México dos años, luego en Corea del Sur, abrió mercados en India, Tailandia y China. “Los jóvenes creen que la ingeniería es sólo matemáticas, pero eso no es lo más importante. La ingeniería es para aquellos que quieren resolver problemas y ser líderes”, dice Nuño-Whelan.

Este profesional con alrededor de cien personas a cargo dice que los hispanos, quizás por sus orígenes, son muy ingeniosos para resolver problemas de manera creativa. “Se ve en Latinoamérica, donde con escasez se hacen cosas. Acá necesitamos más líderes hispanos con formación en tecnología que usen su creatividad”.

Nuño-Whelan, casado con su amor del bachillerato, padre de dos niños de 9 y 6 años y tutor de una sobrina de 17, cree que un líder es la persona que realmente escucha, que entiende cualquier situación y asume las responsabilidades. “Un líder no grita ni es desagradable. Inspira, orienta y crea un equipo fuerte. La fuerza de equipo es la seña del líder”.

La madre de Diana Ortega (40) trabajó catorce años como ensambladora en General Motors, Detroit. “Muchas horas y muy duro”, recuerda Ortega que ahora trabaja como gerente de calidad en la misma planta de GM. Desde pequeña Diana fue buena para las matemáticas y las ciencias. En actividades extracurriculares le gustaba ir a empresas y laboratorios: vio la innovación, vio que había pocas mujeres y pensó que había oportunidades.

Ahora esta ingeniera mecánica con maestría en negocios, también trabaja con equipos en Corea del Sur y México, y desde 2012, lidera el grupo de reclutamiento de la Sociedad de Ingenieros Hispanos, SHPE.

Ortega dice que siempre tuvo lo mejor de dos mundos y por eso su español es tan bueno que no parece que hubiera nacido en Detroit. Tal aspecto fue clave para que la contrataran en la época que la compañía preparaba ingenieros para trabajar en México y en Canadá, cuando empezó el tratado de libre comercio NAFTA. “Fui a Monterrey que es considerada una ciudad hermana de Detroit”. Allá laboró mucho y además encontró a su esposo y padre de sus dos hijos de 12 y 6 años.

Los retos laborales también la llevaron a Corea del Sur. “Les gustó el hecho de que yo era amigable y considerada, pero aprendí a decir mis opiniones y la gente respeta eso. Encontré que a pesar de ser una cultura tan distinta a la mexicana, en ambas es importante establecer una relación antes de trabajar”.

Ortega cree en la disciplina. “Si trabajo ocho horas me enfoco. Hay personas que trabajan doce, pero pierden mucho tiempo o se distraen”. Aunque hay días que empieza temprano y no se va hasta muy tarde cuando termina las faenas. “Por fortuna mi esposo es un gran modelo para sus hijos y mi mamá está cerca y eso ayuda”.

“Como líder latina me enorgullezco de motivar a otros en mi comunidad y en estos eventos. Quiero que sepan que los sueños se pueden obtener”, dice Ortega