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Editorial: Entre Jeb Bush y Trump

Entre Bush y Trump, que está en un noveno lugar de las encuestas partidarias hay aspirantes de todo tipo, de senadores a gobernadores de religioso a cirujano

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Donald Trump no tiene ninguna posibilidad de ser presidente de Estados Unidos. La relevancia de su nominación, por su tono y contenido, lo ubica en un extremo de la carpa republicana aunque no les guste a la mayoría partidaria. El contraste se produjo un día antes, cuando el ex gobernador Jeb Bush, anunció su intención presidencial con un mensaje conservador ausente de estridencias y con posiciones mucho más moderadas que el millonario neoyorquino. El futuro republicano se debate entre lo que ambos representan.

No hay mucha diferencia en cuestiones de economía y medio ambiente, por ejemplo, entre los 16, aspirantes y no anunciados, precandidatos a la nominación republicana. Las diferencias más marcadas por ahora son el discurso favorable sobre inmigración y Common Core, en el área educativa, de Bush. Tan solo eso lo ubica en un postura más moderada, que es un extremo en un radicalizado grupo de candidatos.

Entre Bush y Trump, que está en un noveno lugar de las encuestas partidarias hay aspirantes de todo tipo, de senadores a gobernadores de religioso a cirujano. El neoyorquino resume con su estridencia una furia populista con el establisment, esa misma que han estado apelando los precandidatos para atraer a los votantes del Tea Party. Al mismo tiempo, se presenta como un exitoso empresario que arreglará Washington, lo que también apela al gusto de un sector rabiosamente antigubernamental.

Es difícil tomar en serio a Trump, pero quiérase o no, hoy él se ganaría un espacio en el debate republicano porque tiene suficiente apoyo partidario para estar entre los 10 contendientes más populares, a pesar de las exageraciones y barbaridades que dice. La buena noticia republicana debería ser que Bush encabeza la encuesta con 10.8%, la mala es que mayoría de los precandidatos está mucho más cerca de Trump que de Bush en sus posturas.

El que Bush esté en la punta es una buena nueva para los republicanos, ya que él tendría ahora más posibilidades que el resto en ganar una elección general. La cuestión será si lo elige una base política que se motiva por discursos incendiarios y posiciones extremistas como las de Trump. Entre estos extremos partidarios se decidirá el futuro republicano.

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