Inmigrantes de NY se ahogan en el alcohol
Se intensifica la incidencia de alcoholismo en aquellos que sufren de ansiedad por su situación migratoria
NUEVA YORK – La ansiedad por el limbo migratorio y un deterioro en la salud mental podrían ser componentes de una compleja incidencia de alcoholismo entre inmigrantes latinos en la Ciudad de Nueva York. “Empecé a beber cuando me vi atrapado en un cuartucho de cuatro paredes. Acabó conmigo esa rutina neoyorquina del trabajo a la casa y de la casa al trabajo”, contó Alejandro (26), quien añora los campos de su natal Apaneca, en El Salvador. “La tristeza me ganó. Jamás en mi vida estuve solo hasta que llegué a Estados Unidos”.
Resuelto a honrar las promesas hechas a su esposa y su bebé de meses de ayudarlos financieramente, Alejandro consiguió dos empleos. Sin tiempo para otra actividad que no fuera ganar dinero, el inmigrante encontró en el licor el alivio a su soledad. “Borracho se te olvida todo. Con unas copas en la cabeza ya ni siquiera le tienes miedo a la migra”, dijo.
El doctor Héctor Cordero, profesor de Sociología y Educación urbana en Baruch College, comentó que para muchos inmigrantes el alcohol pasa de ser un estímulo social a un recurso para encarar las largas jornadas de trabajo.
“Es una forma de automedicación para aliviar un alto nivel de depresión y estrés a raíz de una vida limitada a trabajar y producir”, explicó el especialista.
Cordero dijo que urge un estudio formal de la incidencia del alcoholismo en las comunidades inmigrantes, indicando que “no conocemos suficiente de las causas y consecuencias para formular una política de salud que tenga resultados eficientes”.
Las cifras más recientes de las Encuesta de Salud a la Comunidad, realizadas por el Departamento de Salud de la ciudad (DOHMH), ubica a los latinos como el segundo grupo con mayor incidencia de consumo excesivo de alcohol con 19%, seguido por los afroamericanos con 13.4%. Los blancos ocupan el primer sitio con 24.6.
El término ‘Binge drinking’ en la encuesta define el consumo de 5 bebidas alcohólicas dentro de un par de horas (4 para las mujeres) por lo menos una vez durante el mes.
Es también un asunto cultural
El problema de salud pública también tiene antecedentes culturales poco investigados, según especialistas.
La antropóloga social Yesenia Ruíz, graduada de CUNY y estudiosa de las comunidades inmigrantes, también define el alcoholismo entre latinos como un asunto de salud pública que carece de investigación, y que no sólo compete a las autoridades neoyorquinas, también a las organizaciones comunitarias y a los consulados latinoamericanos.
“El alcoholismo se intensifica en Nueva York, pero es una cuestión sistemática y estructural que inicia en nuestros países”, explicó Ruíz. “Observamos que el consumo de alcohol comienza en la infancia o adolescencia, y se agrava al emigrar”.
A los siete años, Ariel (33) experimentó su primera borrachera en su natal ciudad de Piaxtla, en el estado mexicano de Puebla. Los tragos de cerveza, ofrecidos por su tío, mitigaron la pesadumbre de crecer sin su madre. A su familia le pareció divertida su embriaguez, sin sospechar que sería el inicio de un alcoholismo empedernido que se prolongó por 20 años.
“Mi madre me dejó al cuidado de mis abuelos para emigrar a Nueva York”, contó Ariel desde la sala de Jóvenes Brooklyn, un grupo de Alcohólicos Anónimos en Sunset Park. “Mi vida era una copa vacía que el alcohol llenaba”.
Ariel asumió el alcoholismo como normal al estar rodeado de parientes que consumieron sus primeros tragos en la infancia, afianzando con ello su masculinidad.
“Crecí pensando que beber es de hombres”, relató. “El infierno empeoró cuando llegué a NY siguiendo a mi madre. Las calles se convirtieron en mi hotel permanente”.
Ruíz señaló que un factor determinante es una descuidada salud mental -que implica depresión, soledad y ansiedad- que se conjuga con aspectos sociales, como el shock de emigrar de un ámbito rural para encarar una agresiva jungla de concreto, o la inequidad en salarios y oportunidades de educación.
Según el reporte NYC Vital Signs del DOHMH, divulgado en junio, unos 239,000 adultos (4% de los neoyorquinos) sufren una Enfermedad Mental Seria (SMI). Los blancos (5%) y los latinos (7%) tienen la mayor prevalencia.
Las autoridades de salud advierten que el consumo de alcohol puede empeorar la depresión y complicar su tratamiento.
“Los adultos con un trastorno por consumo de alcohol en los últimos 12 meses tienen más del doble de probabilidad de experimentar un episodio depresivo severo durante ese período, en comparación con los que no ingieren bebidas alcohólicas”, indica un estudio del DOHMH.
Ruíz destacó que del alcoholismo se desprenden otros problemas que impactan profundamente a las comunidades latinas.
“Es una agravante de la violencia doméstica y de la pobreza. Está claro que el alcohol no es gratis”, dijo. “Nos enfrentamos a un problema que no sólo es un asunto cultural o que únicamente tiene que ver con el individuo. El Estado tiene que intervenir”.
Ariel, quien se mantiene abstemio desde hace 5 años con la intervención de Jóvenes Brooklyn, gastaba hasta el 70% de sus ingresos en alcohol.
“Primero perdí a mi esposa y luego mi apartamento”, recordó. “En la resaca me sentía culpable de privar a mi familia de una buena vida, y volvía a beber para no lidiar con mis emociones”.
Rehabilitación sin servicios profesionales
El Estado podría estar dejando el tratamiento del alcoholismo en manos de Dios. De los 30 integrantes de Jóvenes Brooklyn, cuatro fueron referidos por una corte por conducir en estado etílico, según Manuel, uno de los líderes del grupo.
Los detractores cuestionan la efectividad de Alcohólicos Anónimos. El libro “AA: cult or cure?”, de Charles Bufe, concluye que la asociación opera con el mismo patrón que un grupo de culto religioso. El autor afirma que su programa de 12 pasos resta confianza al alcohólico al hacerle creer que su voluntad es nula y que sólo un poder superior puede curarlo.
Los libros “The Real AA: Behind the Myth of 12-Step Recovery” y “Unmasking the Cults”, y el grupo “The Anti AA Movement” también cuestionan el método enfatizando que personas comunes fungen como psicólogos o “padrinos”.
“Fui a un grupo AA pero no me sirvió. Cómo me ayudará alguien que no es un profesional, qué saben ellos”, dijo la guatemalteca Mónica, quien sufrió varias recaídas en su rehabilitación fallida. “Estoy perdida. Ya ni Dios puede ayudarme”.
Cordero destacó que ciertas características culturales han llevado a los hispanos a depender más de servicios religiosos que de servicios profesionales para hacer frente a la adicción al alcohol, una cuestión vinculada al limitado acceso a planes de salud y la falta de ingresos para pagar a un terapeuta.
“Necesitamos estudiar varios modelos de rehabilitación, programas y estrategias para definir su efectividad específicamente en la comunidad hispana”, recomendó. “No podemos asumir la eficacia de los programas actuales sin un análisis previo”.
El ecuatoriano Oscar Armas, quien logró su rehabilitación en el refugio cristiano Way Out Church Ministries, en el sur de El Bronx, aseguró que Dios fue su salvación.
“Yo seguiría en las calles si no fuera por el Señor”, aseguró. “A mí sí me ayudó tener fe en Cristo”.
Crudas estadísticas
Según cifras del DOHMH, el alcohol está vinculado en 46% de los homicidios, 26% de muertes no intencionales y 28% de accidentes de tránsito.
Consumo de alcohol por origen étnico
Según el Instituto Nacional de Abuso de Drogas y Alcoholismo (NIH), dentro de la comunidad hispana, la tasa de dependencia del alcohol y necesidad de tratamiento varía según el origen étnico.
País de origen Tasa de dependencia de alcohol Necesidad de tratamiento
Puerto Rico 5.5% 7.7%
México 4.7% 9.2%
Sur y Centroamérica 3.1% 6.8%
Cuba 2.4% 5.2%