Obama se prepara para dar su apoyo a Hillary Clinton y atacar a Trump

Campaña de Sanders sigue dividida sobre qué hacer después de primarias de California, pero expertos consultados por este diario advierten de que su permanencia podría perjudicar a Clinton y la unidad del partido

WASHINGTON.- Con deseos de influir en la campaña electoral, el presidente Barack Obama está listo para anunciar, tan pronto como esta semana, que respaldará a la precandidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, en su lucha contra el republicano Donald Trump en noviembre próximo.

Fuentes allegadas a la Casa Blanca, que pidieron el anonimato, confirmaron hoy a este diario un informe del diario The New York Times de que la Casa Blanca analiza con los asesores de Clinton en su sede en Brooklyn el cómo y cuándo se produciría el anuncio y la participación de Obama en la campaña.

Por ley, Obama no puede dar su apoyo a Clinton desde la Casa Blanca, por lo que su viaje a Nueva York este miércoles próximo –un día después de las primarias en California, Nueva Jersey, Nuevo México, Montana y las Dakotas del Norte y del Sur – ha disparado las especulaciones sobre el anuncio.

Obama participará en sendos actos de recaudación de fondos en Manhattan, y en el programa televisivo de Jimmy Fallon.

Ya antes de un eventual anuncio oficial, Obama ha hecho ataques velados contra Trump cada vez con más frecuencia, pidiendo a los votantes que rechacen su retórica incendiaria contra los musulmanes y demás inmigrantes.

Si, como indican las encuestas, Clinton gana las primarias de California, con eso acumularía ya los 2,383 delegados que se requieren para lograr la candidatura presidencial demócrata, aunque el proceso de primarias culminará el próximo martes con las del Distrito de Columbia, sede de la capital estadounidense.

El apoyo de Obama a Clinton sería de beneficio mutuo, en unos momentos en que el mandatario goza de un nivel de popularidad de al menos el 50%, según una encuesta conjunta del New York Times y CBS; la economía sigue creando empleos, y hay un creciente sentimiento anti-Trump entre la comunidad inmigrante, un bloque clave del Partido Demócrata.

Aunque Clinton ha criticado a Obama por asuntos como el acuerdo comercial transatlántico, conocido por su sigla en inglés “TPP” y su historial de más de dos millones de deportaciones desde 2009, ambos comparten una agenda progresista en asuntos internos y de política exterior.

Un secreto casi anunciado

Entre finales de 2015 y principios de 2016, Obama se había reunido por separado tanto con Clinton como con su rival demócrata en la contienda, el senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, aunque en los últimos meses,  tanto en público como en eventos privados con donantes, el mandatario ha elogiado el historial y liderazgo de Clinton, a la vez que ha destacado la urgencia de defender su propio legado.

En marzo pasado, durante un evento con donantes demócratas en Austin (Texas), Obama señaló que, más temprano que tarde, el Partido Demócrata debe cerrar filas en torno a su candidato presidencial, aunque en ese momento la campaña estaba menos definida que ahora.

El miércoles pasado, en una visita a Elkhart (Indiana), Obama vaticinó que, pasadas las primarias de esta semana, ya estaría más claro quién sería el candidato demócrata y, desde luego, habrá tiempo para que él participe en la campaña.

El viernes pasado, durante un acto de recaudación de fondos en Miami (Florida), Obama no ocultó su deseo de ayudar a su partido a mantener control de la Casa Blanca y recuperar ambas cámaras del Congreso y, aunque dijo confiar en que su partido ganará,  aconsejó que es mejor mantenerse muy alerta en lo que resta de la contienda.

La idea de los demócratas es que, con su carisma, alta popularidad e historial económico, Obama pueda no sólo plasmar lo que está en juego en noviembre próximo sino también persuadir a los jóvenes, las mujeres y los independientes, tres segmentos que Clinton necesitará en los comicios generales.

Clinton pide cerrar capítulo ya

Funcionarios del Partido Demócrata se muestran cada vez más impacientes con la campaña de Sanders, ante el reto de forjar la unidad del partido y disciplina de mensaje, ahora que los jerarcas del Partido Republicano han decidido cerrar filas en torno a la polémica figura de Trump.

En una entrevista con la cadena CNN ayer domingo, tras ganar en Puerto Rico, Clinton urgió a Sanders a que se retire de la contienda y aliente a sus seguidores a que la apoyen en la contienda.

Clinton recordó que en 2008, cuando perdió la nominación demócrata frente a Obama, decidió cederle el paso en vez de prolongar la lucha, porque ambos compartían los mismos objetivos.

Una vez terminada la contienda, que para efectos prácticos será mañana, “espero que el senador Sanders haga lo mismo”, dijo.

En declaraciones a este diario, Allan Lichtman, profesor y analista político de American University que ha ayudado a predecir al ganador desde 1984, advirtió de que “entre más tiempo permanezca Sanders en la contienda, más difícil será que Clinton gane” la Casa Blanca.

“La última vez que el partido que controlaba la Casa Blanca sobrevivió a una prolongada contienda por la nominación fue en 1880. Obama y Clinton no necesitan estar de acuerdo en todo para unirse para vencer  a Donald Trump”.

Fisuras en el bando de Sanders

Pero Sanders ha insistido en que se mantendrá en la contienda hasta la convención nacional demócrata en julio próximo en Filadelfia (Pensilvania),  convencido de que podrá persuadir a los “súper delegados” que apoyan a Clinton a que se sumen a su bando.

Su gerente de campaña y uno de sus más leales asesores, Jeff Weaver, ha dicho que, sin importar quién gane en California, “la trayectoria será la misma”, es decir, una convención disputada.

Así, Sanders se asoma a un momento coyuntural para su carrera política: continuar su quijotesca labor de persuadir a los “súper delegados” y seguir atacando a Clinton –como sugirió el sábado pasado-, o escuchar a quienes le urgen dejar de lado el antagonismo y encontrar terreno común con ella.

Para Geoffrey Skelley, analista de la Universidad de Virginia, a Sanders no le quedará más remedio que aceptar el trago amargo de su derrota porque, de lo contrario, a largo plazo podría diluir el voto entre los demócratas y crear “una crisis” para Clinton.

“Si decide continuar hasta la convención, él podría perjudicar la unidad del partido, especialmente si sigue criticando a Clinton… algunos partidarios de Sanders quizá nunca acepten a Clinton, aunque la mayoría previsiblemente lo hará; por ahora no es una crisis, pero podría convertirse en un grave problema para ella”, sentenció Skelley.