“Tenemos mucho miedo de trabajar así, pero no tenemos de otra”

Vendedores ambulantes piden a la Ciudad que ya resuelva el tema de las licencias, pues multas hasta de más de mil dólares se han vuelto pan de cada día
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“Tenemos mucho miedo de trabajar así, pero no tenemos de otra”
Agustina Vazquez y su esposo, Miguel de la Cruz venden los helados de hielo en la West 125th. en Harlem.
Foto: Mariela Lombard / El Diario NY

Agustina Vásquez lleva varios años rebuscándose la vida vendiendo cositas en la calle. Asegura que ha vendido de todo en los 20 años que lleva en la Gran Manzana, pero últimamente trata de llevar algo a su casa vendiendo helados en Harlem y en el Alto Manhattan, con ayuda de un carrito por el que paga $600 mensuales.

Agustina no se queja del trabajo duro, aunque basta con mirarla para ver que el cansacio la consume y que el sol le quema el rostro sin piedad, pero sí se espanta cuando ve pasar a un policía.

La mexicana, madre de dos niños, de 11 y 8 años nacidos en Estados Unidos, confiesa que debido a que no posee las licencias que exigen las autoridades para hacer su venta en la calle, ha tenido que empezar a jugar al gato y al ratón con la Policía y los oficiales de la Ciudad para que no la agarren. Su mayor miedo es que le pongan multas y que se le lleven el carrito.

Tenemos mucho miedo de trabajar así, pero no tenemos de otra”, comenta la mujer, mientras vende sus helados a 1 dólar al lado de una estación del metro. “Si me agarran de dónde voy a pagar esos tickets que están poniendo de 1,000 y 2,000 dólares y cómo voy a hacerle para mantener a mis hijos. No es justo que nos acosen así, en vez de aprobra más licencias ya, y arreglar eso”.

La mujer, originaria de Guerrero, se refiere a una particular medida que hay en Nueva York con respecto a la emisión de licencias a quienes venden alimentos, pues aunque los vendedores están dispuestos a seguir las leyes y pagar por estos permisos, no pueden hacerlo. Desde 1,979, se congeló la emisión de nuevos permisos y quienes los poseen han desarrollado un salvaje mercado negro, ya que llegan a cobrar hasta 25,000 dólares por un papel que originalmente vale $200.

“Dios nos está ayudando mucho, porque yo le pido todos los días cuando salgo a trabajar que nos no vaya a pasar nada, porque a muchos paisanos les han quitado el carro”, dice la madre de familia.

Ese es el caso de Miguel de la Cruz, también mexicano, quien como vendedor según él fue víctima de atropellos por parte de la policía. “Dos veces me arrestaron. Me llevaron con todo y carro en la San Nicholas. Fueron y regresaron. Me levantaron con todo y carro, con todo y las cajas de helado nuevo que había comprado. Me metieron allá 24 horas como castigo y el helado se lo llevaron”, recuerda. “Ahí perdí como 500 dólares. La calle es muy dura y con esas multas es peor”.

Sean Basinski, director de la asociación Street Vendor Project del Centro de Justicia Urbano que aboga para que la Ciudad le ponga un remedio a la crisis que enfrentan los ambulantes, hizo un llamado para que las autoridades dejen de verlos como criminales.

“Durante mucho tiempo la Ciudad ha visto a los vendedores ambulantes como un problema. Eso debe cambiar. Ahora es el momento para que el departamento de Policía, el alcalde y el Concejo de la Ciudad reconozcan que los vendedores son un activo para nuestra sociedad”, comentó. “Deberían darles permisos para trabajar y reconocerlos como dueños de pequeños negocios que necesitan ser ayudados, no perseguidos, multados ni arrestados”.

Asimismo la activista Basma Eid pidió que cese la hostilidad contra los vendedores que a diario se ganan la vida en la calle.

“Nadie merece trabajar en un estado de miedo y acoso constante, en una ciudada marcada por el crecimiento de la desigualdad”, dijo. “Tenemos que ver que acabe la criminalización de los vendedores ambulantes para que nuestras comunidades puedan prosperar”.

Y aunque el Concejo de la Ciudad ha dicho en repetidas ocasiones que está revisando un proyecto de ley para resolver el tema de los vendedores, hasta ahora ninguna propuesta ha sido introducida en ese organismo de manera formal, pues siguen analizando el tema.

“La presidenta del Concejo mantiene todas las opciones abiertas, incluyendo elevar el límite (de licencias) completamente”, aseguró una vocera del Concejo.

Y sobre las denuncias de los vendedores contra la Policía, un vocero de la NYPD aseguró que los uniformados seguirán con su labor, acorde a la ley y advirtieron que quienes no posean los permisos necesarios seguirán enfrentándose a multas.

“A aquellos vendedores que no tengan una licencia válida, les seguiremos dando tickets”, comentó un portavoz.

La respuesta de las autoridades no sorprende a la mexicana María Montalvo, quien tiene una venta de aguas frescas y esquites en Sunset Park, Brooklyn, y quien ya ha recibido varias multas que no tiene cómo pagar.

“A ellos nosostros no les importamos. A mí me pusieron dos tickets de $1,000 cada uno y otro que no tiene precio porque no tengo la licencia de alimentos, pero de dónde la voy a sacar si eso está congelado”, dijo. “Es como si se burlaran de nosotros”.

DATOS DE LOS VENDEDORES AMBULANTES

  • Según el Departamento de Asuntos del Consumidor en Nueva York hay 2,558 vendedores ambulantes con licencias.
  • La mayoría de los vendedores ambulantes son veteranos de guerra, que por ley estatal reciben este beneficio sin límite.
  • También hay 853 licencias que no son de veteranos, número que está en su límite máximo.
  • Cifras extraoficiales calculan que diariamente se mueven en Nueva York unos 20,000 vendedores en las calles.
  • El otorgamiento de nuevas licencias para carritos de comida se congeló en 1979, y sólo se renuevan cada año una 5,000 que ya fueron expedidas, y que suelen ser subrentadas, promoviendo el llamado mercado negro.
  • El costo real de estas licencias es de $200 por dos años, pero los vendedores denuncian que en el mercado negro se alquilan entre $18,000 y $25,000.
  • Los vendedores ambulantes de NY Tienen ingresos por $192 millones cada año.
  • Sus ventas se elevan a $292 millones por año.
  • Pagan $71,2 millones en impuestos para la Ciudad.