“Una maquinita” de hacer el amor

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“Una maquinita” de hacer el amor
“Lista, estoy lista porque sé que conmigo tengo y que conmigo me da y me sobra”, pensó, mientras su sonrisa la delataba.
Foto: Shutterstock

Le llamaba una maquinita de hacer el amor, ella con alegría lo recordaba. Él, su mejor amante.

Independientemente de que estaba enamorada, que claro está, es un factor determinante, este ser era único, dice ella. Cambia su rostro, queda pensativa, no sé si recordando algún momento trascendental, uno de tantos, en que la palabra satisfacción no salía de su boca.

Un artista en la cama, esa es la palabra que mejor le describe”, pensó. Experto, seductor, conquistador, poeta, conversador, lleno de sencillez y simplicidad. Características que provocaban las mutuas explosiones que disfrutaban abrazados mientras se mantenían unidos en el ocaso, la medianoche y hasta el alba.

Así, tal cual lo describe mi poeta favorita, Julia de Burgos, en su poema Noche de amor en tres cantos. “La entiendo”, le dice ella a su otra ella, “conozco perfectamente lo que se siente cuando estás en los brazos correctos, en el cuerpo anhelado”.

Y cuando ya no pueda, y cuando ya no esté, qué harás, qué haremos, me preguntó. “No te preocupes”, le contesté, “no te inquietes”, le dije, luego de darle un sabroso beso en su boca y una tocadita donde tanto me gustaba.

Entonces, le miré fijamente a los ojos y sin pestañar le contesté: “te repito, no te inquietes que con lo de hoy me da y me sobra. Me da y me sobra”, le repetí, susurrándole al oído lo mucho que me llenaba su cuerpo, sus besos encantadores, sus caricias excitantes, en fin, su todo.

“Hoy sigo pensando que me da y me sobra”, se dice ella con tal seguridad que le evidencia lo mucho que ha vivido. “Conocí muchos otros”, recuerda. “Unos exquisitos, aunque no tanto; y otros, ultrachapuceros, como yo les llamo”, dice en voz alta.

Esos que no se tomaron la molestia de aprender a ser buenos en la cama y que todavía se creen que se puede tener buen sexo alejado de los otros muchos elementos que son tan importantes.

“Ah, y ahí que cada quién prepare su menú de placer sexual”, piensa ella ahora con un aire de coraje por esas veces en que no le gustó tanto por no decir nada.

“Lista, estoy lista porque sé que conmigo tengo y que conmigo me da y me sobra”, pensó, mientras su sonrisa la delataba. Entonces, tomó su bolso, las llaves y salió.

– Doctora Carmita Laboy