Trump, sumergido en una maraña de falsedades

Trump, sumergido en una maraña de falsedades

A estas alturas, el presidente Trump tendría que estar enfocado en impulsar su agenda política y económica para cumplir con la promesa de engrandecer nuevamente a Estados Unidos, lo que para la mayoría de los estadounidenses significa, sencillamente, más y mejores oportunidades de empleo, educación y salud.

En lugar de ello, el mandatario está enfrascado en una maraña de mentiras, ataques y acusaciones sin fundamento que amenazan con descarrilar no solo su presidencia sino la estabilidad y el avance del país.

Las filtraciones a la prensa sobre los encuentros de varios de sus allegados con los rusos durante la campaña presidencial han sacado totalmente de quicio al mandatario, quien se ha dedicado a tratar de desviar la atención mediante mensajes por Twitter que han desatado una tormenta en todo el país.

La acusación de Trump en el sentido de que el expresidente Barack Obama ordenó que intervinieran sus teléfonos cuando era candidato presidencial, sin evidencia alguna, ha creado una guerra insólita entre el jefe de la Casa Blanca y las agencias de inteligencia. Tanto el exjefe de la Dirección Nacional de Inteligencia, James R. Clapper, como el director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, han desmentido categóricamente haber espiado a Trump.

Como bien lo han explicado ambos, el expresidente Obama carecía de la autoridad para ordenar sin razón una actividad de esa naturaleza. Para intervenir los teléfonos de alguien, se necesita la aprobación de la llamada Foreign Intelligence Surveillance Court, que autoriza la intercepción cuando hay sospechas de conductas relacionadas con actos de espionaje o terrorismo.

Las declaraciones de Trump lo sitúan en una situación claramente desventajosa en varios frentes. Primero, porque exhibe una vez más su absoluta ignorancia en materia de gobierno. Si tenía dudas de que sus teléfonos habían sido interceptados, como presidente simplemente podría haber utilizado su poder para pedirle al director del FBI que le confirmara o negara la información, en lugar de gritar a los cuatro vientos sus sospechas y ordenar una investigación que, al carecer de fundamentos, seguramente irá al baúl de las peticiones ridículas.

Ahora bien, en caso de que se descubriera que, efectivamente, los teléfonos de Trump fueron interceptados, esto querría decir que las agencias de inteligencia tuvieron razones de peso para hacerlo.

Todas estas sospechas y especulaciones han contribuido a profundizar más las divisiones no solamente entre los seguidores y opositores de Trump sino incluso entre los propios republicanos y el gabinete del mandatario.

La ciudadanía, mientras tanto, empieza a perder la paciencia pues necesita respuestas inmediatas a sus problemas cotidianos. ¿Qué pasará con su seguro de salud, con la creación de empleos, con la educación de sus hijos? De seguir así las cosas, difícilmente el país soportará cuatro años de Trump.