Piernas inquietas: causas y tratamientos de un síndrome muy común

La patología altera nuestro sueño y en consecuencia nuestra calidad de vida

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Piernas inquietas: causas y tratamientos de un síndrome muy común
El síndrome de piernas inquietas es involuntario.

Para comenzar, digamos que se trata de un trastorno neurológico. Es decir, estamos frente a una enfermedad correctamente clasificada en medicina. Además es sumamente frecuente, para que usted se haga una idea, podría decirse que cerca del 7 o hasta 10% de la población lo presenta en alguna medida. Este último concepto, el de la medida, es relevante puesto que este síndrome puede ir desde casos leves a casos importantes, o como suelo describir a estos últimos, cuadros clínicos a toda orquesta. Este síndrome no debe confundirse con simplemente moverse a la noche o simplemente mover las piernas. Tiene características que le son propias. Pues bien, dicho esto, pasemos a ver de qué se trata el síndrome de las piernas inquietas.

La descripción típica del síndrome en cuestión es que implica el movimiento incontrolable de las piernas, pero no en cualquier momento del día, sino que se da específicamente durante el sueño. Algunas veces. el paciente ignora que tiene la sintomatología hasta que logra conocerla al dormir en pareja. Es habitual que las personas les informen a sus parejas sobre esta característica. El paciente, mientras está durmiendo, mueve desproporcionadamente ambas piernas, rara vez los brazos, a punto tal que algunas veces se despierta y puede o no tomar conciencia de ese movimiento involuntario. En muchos casos, el paciente al despertar percibe molestias en los miembros inferiores que pueden ser las denominadas “parestesias”, que no es otra cosa que sentir una suerte de hormigueo en la piel. Otras veces la persona percibe sobre la piel de sus miembros inferiores una sensación “quemante” como si estuviera más caliente de lo normal. También puede percibir “disestesias”, que son alteraciones de la sensibilidad en las piernas o en los pies. Una de las características de este síndrome es que puede estar relacionado con otras enfermedades a manera de “comorbilidad”. Es así, que algunas veces este síndrome puede estar relacionado con trastornos de ansiedad de distinto tipo e incluso con cuadros de depresión.

¿Por qué nos preocupa?

Muchas veces, es causa de alteraciones del sueño. El paciente suele sufrir un sueño entrecortado, o incluso pudiendo dormir toda la noche se despierta con sensación de sueño no “reparador”. Estamos en presencia de una de las causas de trastornos del sueño. Si bien es cierto que en principio no es un cuadro grave, también es cierto que en la medida que altere el sueño normal representará una disminución en la calidad de vida en primera instancia y luego dependiendo de la influencia sobre el sueño puede resultar determinante o condicionante de alteraciones de la salud.

¿Cuándo acude el paciente al consultorio y qué estudio debe realizarse? Como mencionábamos, un motivo de consulta puede ser porque fue alertado por la pareja o porque ellos mismos notaron esta sintomatología, o bien pueden llegar a la consulta por percibir trastornos del sueño y el interrogatorio del médico y el examen clínico correspondiente puede llevar al diagnóstico. La prueba diagnóstica por excelencia para este síndrome es la “polisomnografía”. Les comento de qué se trata este estudio. Consiste en que el paciente duerma una noche en el centro de diagnóstico u hospital donde se realiza la prueba, allí se le colocan una cantidad de electrodos e instrumentos de medida, acompañados incluso de grabación por sistema de vídeo. La polisomnografía es un estudio que implica la determinación de distintos parámetros biológicos durante el sueño. Estos incluyen: un electroencefalograma continuo (EEG); una electromiografía, que estudia el estado de contracción de los músculos; una electroculografia, que registra el movimiento de los ojos.

A esto se agregan otras variables tales como un electrocardiograma continuo, la determinación de las concentraciones de oxígeno en sangre así como también de anhídrido carbónico, la determinación de la mecánica o esfuerzo respiratorio, el registro sonoro para evaluar ronquidos, entre otras variables a determinar. Mediante este estudio se pueden determinar todas las características y las distintas fases del sueño del paciente, tanto en las funciones electroencefalográficas como en la traducción física del movimiento de la persona. Apelando a este recurso se podrá hacer un diagnóstico correcto del síndrome de piernas inquietas.

Causas y Tratamientos

Si bien hay predisposición genética, más allá de eso, a decir verdad la ciencia al día de hoy no sabe con exactitud los motivos por los cuales se produce este síndrome. Sin embargo se lo ha relacionado con algunas variables que se pueden modificar generando un cambio en el curso natural de la enfermedad. Veamos algunos ejemplos.

En ocasiones el síndrome de piernas inquietas responde a la falta de hierro en sangre, entonces, esta puede ser corregida con dieta y medicación.

Otras veces el síndrome se encuentra relacionado con la utilización de determinados antidepresivos que elevan un neurotransmisor que es la serotonina, entonces es posible que el paciente requiera el ajuste de la dosis de su medicación o incluso el cambio del antidepresivo.

También el tabaco, la cafeína y el alcohol pueden condicionar esta sintomatología y por lo tanto su no consumo puede formar parte del tratamiento.

En la mayoría de los casos existe un tratamiento que puede disminuir sensiblemente los síntomas y en algunas circunstancias eliminarla por completo. Todo depende del diagnóstico médico y de las posibles patologías acompañantes y su respectivo tratamiento.

Los regímenes higiénico dietéticos de vida, con alimentación saludable, actividad física, tratamiento del estrés, la disminución de sustancias que condicionan la manifestación clínica del síndrome y cuando corresponde, la utilización de farmacología adecuada son posibles abordajes médicos. Con respecto a la medicación, la que resulta potencialmente útil en estos pacientes son los ansiolíticos, del tipo de las benzodiazepinas, la levodopa, derivados opiáceos, suplementos dietéticos, etcétera.

Para terminar quiero remarcar el hecho de que muchas personas que presentan este síndrome no le asignan importancia creyendo que no tiene mayor repercusión sobre la salud, o considerando que no es una enfermedad sino una característica y que por lo tanto seguramente no debe tener tratamiento efectivo. Como hemos dicho antes nada más lejos de la realidad.

El síndrome de las piernas inquietas se trata verdaderamente de un síndrome clínico neurológico que requiere tratamiento toda vez que puede alterar la calidad del sueño, ir acompañado de otra sintomatología o incluso coexistir con otras enfermedades. Si usted se ha sentido identificado con estos síntomas, o bien nota esta sintomatología en alguna otra persona, no dude en realizar una consulta médica o llamarle la atención a la persona que presenta el síndrome de las piernas inquietas. Le aconsejo hacerlo porque se puede recuperar la calidad del sueño y evitar complicaciones mayores. Simplemente, consulte a su médico.