5 mentiras que te han dicho sobre la carne

Actualmente es más relevante que nunca consumir alimentos de calidad. La carne ha sido uno de los más criticados, conoce los mitos más populares

5 mentiras que te han dicho sobre la carne
No todas las variantes de carne son iguales, conoce las principales falsas creencias sobre su consumo y cuida tu salud.
Foto: Unsplash

Actualmente estamos expuestos a demasiada información y más cuando se trata de alimentos. Teniendo en cuenta que en los últimos meses el tema de salud más relevante se ha enfocado en la importancia de seguir una dieta equilibrada y de calidad, se ha dado pie a numerosos cuestionamientos y mitos entorno a los alimentos más consumidos.

Derivado de la popularidad y el auge que han causado seguir una alimentación basada en plantas, todos han puesto la mira en la carne y de cierta manera son creencias que han causado una propaganda algo errónea en contra del consumo de carne. Es por ello que seleccionamos los 5 principales y más recurrentes mitos entorno a su consumo.

1. La carne se pudre en el colon

Una de las creencias más populares entorno al consumo de carne, se relaciona con sus efectos sobre la digestión. Algunas personas afirman que la carne no se digiere correctamente y es por ello que puede “pudrirse” en el colon, es momento de aclarar que es una declaración totalmente falsa que muchos relacionan con inventos creados por veganos estrictos. De hecho se cuenta con un estudio que comprueba que esto se trata de un mito, lo que sucede cuando comemos carne es lo siguiente: el ácido del estómago y las enzimas digestivas la descomponen en el intestino delgado, las proteínas se descomponen en aminoácidos y las grasas se descomponen en ácidos grasos. Después de eso, se absorben en la pared digestiva y pasan al torrente sanguíneo, por lo tanto no queda nada para “pudrirse” en el colon. Sorprendentemente los elementos que realmente se pudren en el colon, es la materia vegetal no digerible (fibra) proveniente de frutas, verduras, granos y legumbres. La explicación es que el sistema digestivo humano no tiene las enzimas necesarias para descomponer la fibra, por lo que viaja hasta el colon en donde se fermenta (se pudre) por las bacterias benéficas en el intestino, que lo convierten en nutrientes y compuestos beneficiosos como el butirato de ácido graso de cadena corta.

2. La carne aporta un alto contenido en colesterol y grasas saturadas

La ciencia ha demostrado que tanto el contenido en colesterol y grasas que aporta la carne, son elementos inofensivos para la salud. Lo cierto es que durante años el colesterol ha sido considerado un gran enemigo, cuando en realidad una molécula vital en el cuerpo, que se encuentra en todas las membranas celulares y que es utilizada por el cuerpo para producir hormonas. El hígado produce grandes cantidades de colesterol, de tal manera que en los casos que se obtiene mucho colesterol derivado de la alimentación, simplemente produce menos. De hecho, se estima que aproximadamente en el 70% de las personas, el colesterol en la dieta tiene efectos insignificantes sobre el colesterol en la sangre y en el resto del 30% se presenta un leve aumento en el colesterol LDL considerado “colesterol malo” pero también aumenta el colesterol HDL que es popularmente conocido como el protector cardíaco por excelencia. De hecho se estima que sucede lo mismo con las grasas saturadas, de tal manera que los estudios demuestran que las personas que tienen partículas de LDL grandes  se asocian con un riesgo mucho menor de padecer cardiopatías.

3. La carne causa enfermedades cardíacas y diabetes

Muy constantemente se culpa al consumo de carne de una larga lista de enfermedades occidentales, sobre todo en el caso concreto de afecciones cardíacas y diabetes tipo 2. Se cuenta con un sustento que resulta bastante interesante, que se basa en una creencia que señala que estas enfermedades son nuevas y la carne es un alimento antiguo. Lo cierto es que los humanos y los prehumanos han estado comiendo carne durante millones de años y para diversos científicos culpar a un alimento viejo por nuevos problemas de salud no tiene ningún sentido. De hecho se cuenta con un estudio masivo liberado en el año 2010, en el cual los investigadores reunieron datos de 20 estudios que incluyeron un total de 1.218.380 personas y en el cual no encontraron ningún vínculo entre el consumo de carne roja sin procesar y las enfermedades cardíacas o la diabetes. Sin embargo es muy importante aclarar que no toda la carne es igual y es cierto que resulta fundamental para la salud seleccionar las variantes orgánicas y magras. 

4. La carne engorda

Esta creencia surge de la idea sobre el alto contenido en grasa de la carne de vacuno, sin embargo todo dependerá de la calidad y el tipo de corte que se seleccione. De tal manera que integrar las variedades más magras, es un gran acierto para aportar grandes niveles nutricionales y promover la pérdida de peso. La mejor recomendación es optar por opciones magras, que se distinguen por tener un porcentaje de grasa inferior al 4%. De hecho se ha comprobado que el consumo de carnes bajas en grasas, es de ayuda para acelerar el metabolismo hasta por 100 calorías al día y gracias a los macronutrientes que contiene, como es el caso particular de las proteínas de alto valor biológico, aporta una grata sensación de saciedad, que ayuda a controlar el apetito excesivo y la ansiedad por comer.

5. Los seres humanos no están diseñados para comer carne

Existe una creencia que señala a los seres humanos como herbívoros por naturaleza y con base en ello señala que no están diseñados para el consumo de carne, muchos veganos también promueven esta idea. Sin embargo es completamente falso, los seres humanos y los prehumanos han estado comiendo carne durante mucho tiempo y es un hecho que el organismo está perfectamente adaptado al consumo de carne. A la vez es importante mencionar que el sistema digestivo humano, realmente no se parece en nada al de los herbívoros y esto se relaciona con las dimensiones del intestino humano y la capacidad de producir grandes cantidades de ácido clorhídrico en el estómago, fundamentales para ayudar a descomponer las proteínas animales.