Si padeces de insomnio, beber café no es la mejor alternativa para “despertar”

Todos hemos recurrido a beber varias tazas de café para mantenernos despiertos después de una mala noche de sueño. Sin embargo es importante saber que el café nunca va sustituir un sueño reparador ¿El secreto? Saber cuánto y cuándo consumir, y nunca verlo como un aliado en cualquier trastorno de sueño

Beber café nunca será un buen aliado para tratar cualquier trastorno del sueño, recuerda siempre es importante la adecuada supervisión médica.
Beber café nunca será un buen aliado para tratar cualquier trastorno del sueño, recuerda siempre es importante la adecuada supervisión médica.
Foto: Shutterstock

La mayoría de los amantes del café no solo son fanáticos de su sabor e inigualable aroma, buscan desesperadamente consumirlo con el objetivo de “despertar” por las mañanas, tener más energía y mejorar el rendimiento diurno. No en vano el café es el estimulante natural más popular y consumido en todo el mundo, a esto debemos de sumar la creciente evidencia científica que avala sus beneficios para mejorar la salud en numerosos aspectos y que se relacionan con sus poderosos antioxidantes. Sin embargo no podemos olvidar los efectos de la cafeína, sobre todo cuando se consume en exceso o bien cuando estamos muy cansados.

Como dato al margen resulta interesante mencionar que el café representa el 54% del consumo de cafeína en el mundo, de hecho en un día cualquiera, aproximadamente el 85% de los estadounidenses consumen productos con cafeína. Se cuenta con información en la cual se avala que el consumo promedio diario de cafeína de los adultos en los Estados Unidos, es de aproximadamente 300 mg por persona. Esto es aproximadamente tres veces más alto que el promedio mundial. Teniendo esto en cuenta vale la pena conocer más al respecto y dejar de utilizar al café como un remedio para el insomnio, finalmente ¡nunca va reemplazar un descanso de calidad! 

Lo primero es lo primero: es importante entender los efectos de la cafeína en el organismo, sobre todo teniendo en cuenta que muchos consumidores frecuentes de café desconocen a profundidad sobre las complejidades del popular hábito de beber café para activarse o peor aún para sustituir un sueño reparador. Para mayor contexto: la cafeína es una sustancia natural que se puede extraer de las plantas, por ende las fuentes naturales de cafeína más populares son los granos de café, las hojas de té y los granos de cacao. También se puede producir sintéticamente y añadirse en todo tipo de bebidas industriales. Actúa como una especie de fármaco que promueve el estado de alerta.

Lo cierto es que la cafeína actúa como un “antagonista del receptor de adenosina” y es la sustancia que promueve la somnolencia. Por lo tanto la cafeína bloquea el receptor de adenosina para evitar que se sienta somnoliento, además es importante mencionar que la cafeína comienza a hacer efecto muy rápidamente en el cuerpo: alcanza un nivel máximo en la sangre en 30 a 60 minutos. Tiene una vida media de 3 a 5 horas, es decir es el tiempo promedio que le toma al cuerpo eliminarla. Sin embargo lo que pocos saben es que la cafeína restante puede permanecer en el cuerpo durante mucho tiempo y ahí empieza la mayor parte del problema, ya que se crea un círculo vicioso que va detonando mucho más significativamente los trastornos del sueño.

Al tratarse de una droga psicoactiva la cafeína interviene de manera inmediata en el cerebro, el estado de ánimo, el funcionamiento cognitivo, en la energía disponible y por supuesto en el ciclo de sueño natural. De hecho se cuenta con un estudio muy relevante al respecto, del Laboratorio de Sueño y Aprendizaje de la Universidad de Michigan, en el cual su autora Kimberly Fenn, Profesora de Neurociencias Cognitivas, profundiza sobre los devastadores efectos de tratar el insomnio o cualquier trastorno de sueño con cafeína. En el cual se comprobó que después de una mala noche de sueño, beber más de dos tazas de café de manera prácticamente inmediata mejorará el estado de alerta e inclusive podrá ser un buen aliado para realizar con más agilidad algunas tareas simples, sin embargo pocos beneficios se verán reflejados en tareas más complejas y mucho menos en la calidad del sueño.

También se cuenta con otro estudio reciente, creado con el objetivo de explicar la directa acción de la cafeína sobre el cerebro. Así lo sugiere el equipo de investigación dirigido por la doctora Caroline Reichert y el profesor Christian Cajochen, de la Universidad de Basilea (Suiza), quienes se dedicaron a examinar la conexión cafeína-cerebro. El resultado al que llegaron fue bastante interesante: en realidad la cafeína no conduce a un sueño deficiente, pero sí que puede comprometer el cerebro y provocar cambios en la materia gris y con ello favorecer los ciclos de sueño irregulares. Los resultados del estudio fueron publicados a mediados de febrero de 2021 en la revista especializada Cerebral Cortex

La realidad es que la cafeína no es el malo del cuento, es una sustancia que tiene efectos tanto positivos como negativos. Estos efectos dependen de la cantidad de cafeína que se consume y sobre todo de cuándo se consume. Los expertos consideran una dosis normal de cafeína por día entre 50 mg a 200 mg. Además se ha comprobado que la cafeína funciona de manera más noble y sutil cuando se toma de forma intermitente, es decir vez en cuando. Las dosis más altas pueden tener efectos mucho más potentes, por lo tanto consumir entre 500 mg o 600 mg de cafeína se asocia con alteraciones en el sistema nervioso, trastornos del sueño y cognitivos y genera tolerancia.

Ahora ya lo sabes no se trata de catalogar al café como una bebida prohibida o mala, simplemente es indispensable saber cuánto y en qué horarios consumirlo. Sobre todo en aquellas personas que son más propensas a padecer insomnio, ansiedad, nerviosismo, poca concentración y memoria.

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