Su esposa lo abandonó e invirtió sus ahorros para comprar un carrito de helados y así mantener a su hijo con discapacidad

Un hombre de Bangkok pasó del cielo al infierno cuando su esposa lo abandonó al dar a luz a un bebé con discapacidad, pues ese no era su ideal de "familia perfecta"

En un principio pensó en una salida fácil pero recapacitó y hoy ha logrado salir adelante con su pequeño.
En un principio pensó en una salida fácil pero recapacitó y hoy ha logrado salir adelante con su pequeño.
Foto: Shutterstock

Son muchas las personas que afirman que no hay experiencia más gratificante que traer hijos a este mundo, ya que esos pequeños seres se convierten en el motor de vida de sus padres, quienes a pesar de las dificultades, siempre sacan lo mejor de sí para poder salir adelante con sus pequeños.

Esos esfuerzos se multiplican en miles cuando la vida te otorga un hijo con discapacidad, ya que necesitarás dotarte y dotarlo de herramientas para que en un futuro, pueda ser independiente, algo que preocupa a los papás de estos seres especiales que han venido a la Tierra para darnos a todos una gran lección de fortaleza y resiliencia.

Sobre el tema, recientemente se volvió viral en Internet la historia de un hombre de Bangkok, Tailandia, el cual se identifica él mismo como tío Dam, quien de la noche a la mañana vio cómo la familia que tanto había soñado se desmoronaba porque el destino le tendría preparada una gran prueba de resistencia.

Resulta ser que tío Dam se casó hace unos cuantos años con una mujer y juntos planearon en formar “la familia perfecta”. Pero sus ilusiones se acabaron cuando tuvieron a su primer hijo, el cual nació con una discapacidad física y neuronal.

Poco tiempo después, desilusionada porque las cosas no eran como ella las había planeado, la esposa de Dam se fue de la casa, dejando a su marido y a su bebé a la suerte.

Esto sumió en una profunda depresión a este hombre, quien agobiado por el abandono de su mujer y al no tener los recursos económicos suficientes para sacar adelante solo a su hijo, llegó a pensar en el suicidio; sin embargo, abandonó esa terrible idea al considerar que nadie más podría hacerse cargo del niño.

Fue entonces cuando tomó la decisión de usar los pocos ahorros que le quedaban para comprar un carrito de helados y dedicarse a dicha actividad para que él y su hijo pudieran subsistir.

Poco a poco fue cobrando notoriedad en su barrio debido a los ricos granizados que prepara; sin embargo, tuvo un pequeño bache cuando intentó subir los precios de su producto para así poder costear los tratamientos y necesidades de sus hijos, lo cual molestó a sus clientes, quienes lo amenazaron con ya no comprarle helados si los precios seguían altos.

Al tío Dam no le quedó de otra más que volver a sus precios anteriores; sin embargo, asegura que no se arrepiente de ninguna decisión que ha tomado pues ha cumplido con su objetivo: darle una vida digna a su hijo.

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