Socialismo demócrata luego de las primarias: ¿movimiento o momento? 

Las elecciones primarias han planteado dudas sobre el alcance del DSA.

Socialistas democráticos de NYC

El alcalde de NYC, Zohran Mamdani, junto a varios líderes socialistas democráticos como Darializa Avila Chevalier (derecha) y Claire Valdez (izquierda).  Crédito: Archivo | AP

Las elecciones recientes en todo el país dejaron victorias notables para los candidatos progresistas y socialistas democráticos, incluyendo el triunfo de Abdul El-Sayed en las primarias de Michigan y las victorias legislativas estatales como la de Angie Nixon en Florida. Este impulso electoral ?  junto con el caso más destacado, la elección de Zohran Mamdani como alcalde de la ciudad de Nueva York en 2025 ?   ha representado un giro importante para los Socialistas Democráticos de América (DSA por sus siglas en inglés).

Impulsada por figuras destacadas como el senador Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez, esta nueva generación de candidatos que ingresa a cargos públicos sigue contando cada vez más con audiencias más jóvenes y nuevas, que durante mucho tiempo se han sentido desconectadas y aliadas con los sistemas establecidos. 

Según una encuesta de Emerson College Polling realizada a mil votantes probables, el 23% se considera simpatizante de los DSA. Entre quienes se identifican como demócratas, esa cifra sube a 46% ? una tendencia impulsada en gran medida por votantes menores de 50 años.

Con las elecciones intermedias en 2026 acercándose en noviembre, los observadores debaten cada vez más la trayectoria a largo plazo del movimiento. 

Aunque históricamente los movimientos de izquierda en Estados Unidos han tenido dificultades para mantener el impulso dentro de un sistema bipartidista, los resultados recientes de las primarias plantean la siguiente interrogante: ¿indican esas victorias que los socialistas democráticos están construyendo una base firme en la política tradicional o se trata de algo más pasajero?

Comprendiendo la izquierda moderna

Fundada en 1982, la organización DSA surgió como una crítica al capitalismo moderno —proponiendo una visión económica basada en el control público y de los trabajadores, en lugar de los intereses corporativos. Por ello, sus plataformas actuales han priorizado las redes de protección social, promoviendo políticas como Medicare for All (salud pública universal), reformas de la justicia penal y un mayor gasto público. 

No fue hasta 2016, con la campaña presidencial de Bernie Sanders, que se desató un aumento masivo de la afiliación y del número de seguidores, transformando a la organización en una fuerza electoral relevante.  

Sin embargo, gran parte de la fricción política que existe en torno a los DSA proviene de la confusión entre el socialismo democrático y el socialismo de Estado o el comunismo —  una desorientación que el presidente Donald Trump y los líderes conservadores han utilizado para retratar al movimiento como una amenaza para la democracia y el capitalismo. 

En la práctica, como señalan los expertos, los socialistas democráticos actuales en Estados Unidos operan menos como revolucionarios radicales y más como socialdemócratas europeos, impulsando la redistribución de la riqueza en una economía de mercado regulada. 

Anna Grzymala-Busse, profesora de estudios internacionales e investigadora principal en el Instituto Freeman Spogli de la Universidad de Stanford, enfatiza exactamente qué representan los demócratas socialistas en EE.UU. — lo cual no debe confundirse con los socialistas.

El socialismo suele ser “una categoría muy elástica”, señala Grzymala-Busse. Aun así, la socialdemocracia es distinta a un sistema controlado completamente por el Estado. Suecia, por ejemplo, ha combinado la empresa privada con redes de protección social y sigue siendo, en sus palabras, “perfectamente democrática”. Ahora bien, en el caso de los Estados Unidos, el movimiento funciona más bien como un bloque progresista dentro de la coalición democrática que se está “moviendo más hacia la izquierda que el resto del Partido Democráta” — no que esté abogando por la abolición del capitalismo.

El manual de estrategia del Tea Party

En cuanto a la estrategia de los DSA, se asemeja al movimiento Tea Party: un partido de extrema derecha que creció y reestructuró el Partido Republicano desde el interior después de 2009. Y, al igual que aquel movimiento, está impulsado por el desencanto público con el liderazgo de los partidos dominantes.

De hecho, en las últimas décadas, la convergencia de políticas entre la centroizquierda y la centroderecha ha dejado a muchos votantes con la sensación de que ninguno de los dos partidos atiende sus presiones económicas estructurales.

Como dijo Grzymala-Busse: “Creo que parte de la razón por la que surgieron [los DSA] es la frustración con ambos partidos, especialmente con lo que se percibe como una osificación del Partido Demócrata”, señaló, refiriéndose a la percepción entre los votantes de que el liderazgo demócrata se ha vuelto rígido y poco receptivo.

Es más, indicó que los altos ejecutivos del partido no han logrado, específicamente, atender las necesidades de los votantes más jóvenes ni las políticas tradicionales de centroizquierda — principalmente porque el ala progresista del partido está en minoría. Aun así, calificó esa fricción ideológica como parte normal del proceso político estadounidense. 

“Conecta — especialmente — con los votantes jóvenes que se sienten decepcionados tanto por los demócratas como por los republicanos”, afirmó Grzymala-Busse. “Pero para mí, este es un movimiento estándar dentro del partido para intentar alterar el rumbo hacia donde se dirige. No hay nada inusual aquí; no hay nada de qué preocuparse”.

A diferencia del Tea Party, que fue fuertemente impulsado por el financiamiento corporativo, el DSA depende principalmente de la organización comunitaria de base y de aportaciones pequeñas — una señal de un compromiso electoral orgánico. 

“Una gran diferencia que señalaría es que el Tea Party fue en gran medida un movimiento astroturf [falsa base comunitaria]. Estaba fuertemente financiado por los hermanos Koch y otros donantes de derecha. Mucho del financiamiento, tanto para el movimiento como para las campañas, provenía de esos donantes. Hasta donde sé, no veo evidencia de que eso esté pasando dentro de los DSA”.

Existe una diferencia entre los candidatos locales de los DSA y la organización nacional

Ahora, lo que hace las victorias de los candidatos de los DSA intrigantes, según Grzymala-Busse, es que se apoyan en la política tradicional de proximidad (retail politics) y no en una reestructuración radical. Esto se muestra en una clara brecha entre las declaraciones ideológicas de los DSA a nivel nacional y las campañas pragmáticas de los candidatos locales. 

Por ejemplo, en Nueva York, el alcalde Mamdani centró su campaña en servicios públicos tangibles — como ampliar guarderías gratis, establecer los costos de vivienda y mejorar el transporte local. “Eso es política tradicional”, comentó Grzymala-Busse.

De igual manera, El-Sayed en Michigan ha puesto el foco en el acceso a la atención médica, la inversión en educación pública y la protección ambiental. Grzymala-Busse reiteró que este enfoque constituye, una vez más, “política de proximidad estándar; no hay nada preocupante en ello”.

Es decir, en lugar de hacer campañas con retórica antiestablecimiento, los candidatos locales de los DSA se diferencian al proponer soluciones económicas concretas a los problemas cotidianos. 

“Los socialistas democráticos no son comunistas”, puntualizó Grzymala-Busse en respuesta a críticas que los comparan con tal ideología. “No están pidiendo un papel dirigente en el partido. No están pidiendo el fin de la propiedad privada de Wall Street ni de la democracia; no están pidiendo una especie de control estatal de todas las esferas de la actividad política y económica. Eso es un disparate total”.

Grzymala-Busse añadió que, si bien la retórica populista y antielitista varía según el candidato, en general, los políticos que han ganado elecciones priorizan de manera constante la asequibilidad económica por encima de las críticas sistemáticas. 

“[…] si te fijas en los políticos que realmente han tenido un buen desempeño en las elecciones recientes, hablan de asequibilidad; hablan de derechos básicos”, explicó. “El populismo es mucho más una crítica que una agenda positiva en sí misma, y los candidatos de los DSA, al menos a nivel local, ciertamente están ofreciendo una agenda — una agenda de propuestas  que puede o no funcionar — pero está mucho más enfocada en políticas concretas que en la pura crítica al status quo”.

Evaluación del verdadero alcance electoral de los DSA

A pesar de las victorias de alto perfil en las primarias, los datos sobre el desempeño de los candidatos de los DSA revelan algo distinto: límites geográficos claros en su alcance electoral.

Brookings Institution encontró que, entre 282 candidatos respaldados por los DSA, sus victorias se concentraron mayoritariamente en zonas democráticas (deeply blue). Más de un tercio de los candidatos identificados de los DSA compitieron sólo en California (90) y en Nueva York (21). 

Es más, al medir qué tanto se inclinaba cada distrito hacia los demócratas o los republicanos, los investigadores descubrieron que casi todas las victorias de los DSA en las primarias ocurrieron entre un demócrata socialista y una demócrata más moderna, no contra un republicano. Solo 10 de los 282 candidatos estadounidenses ganaron en distritos lo suficientemente competitivos como para ser considerados distritos bisagra (swing districts).
 
En otras palabras, sus hallazgos sugieren que los DSA han establecido bases sólidas en centros urbanos y bastiones progresistas, pero aún no han demostrado que puedan ganar necesariamente en distritos más competitivos o en elecciones generales — como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin — que son clave para decidir las elecciones nacionales. 

Esta evaluación coincide con la lectura experta de Grzymala-Busse sobre la trayectoria del movimiento:

“El Tea Party realmente capturó una frustración que se venía acumulando entre los republicanos desde los años 90, y sospecho que los DSA también están capturando esa frustración”, señaló. “Pero la verdadera prueba vendrá al ver si pueden implementar estas políticas [que prometen] y demostrar realmente que no solo son buenos políticos, sino también buenos gobernantes, legisladores y senadores”.



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