‘Drive’ maneja con estilo

Reseña

Los Ángeles – El cine de acción del siglo XXI se ha convertido en una mera excusa para acumular explosiones, persecuciones, peleas y demás instantes apocalípticos en argumentos de lo más endebles. Ese es el caso de, por ejemplo, la saga “Fast and Furious” que, dejando de lado que sea entretenida por su hilaridad y apuesta por lo absurdo, no dejan de ser mediocres creaciones artísticas (y emplear la palabra “arte” en cualquier producto en el que haya colaborado Vin Diesel es un halago excesivo…).

“Drive”, que se estrenó ayer, se distancia de todo el cine de acción reciente porque, antes que nada, prefiere centrarse en los personajes y en la historia antes que en las persecuciones. Eso no quiere decir que el filme del danés Nicolas Winding Refn carezca de violencia sangrienta -impecablemente salvaje y coreografiada- y secuencias de acción magistralmente ejecutadas. Más bien al contrario: estas están difuminadas en un contexto fascinante, elegante, inquietante, en el que Ryan Gosling da vida a Driver, o “conductor”, sin nombre o apellido, un mecánico experto que, en sus horas libres, se dedica a ayudar a ladrones en sus planes de escape tras cometer un robo.

Su situación se complica, como siempre pasa en el cine, cuando una mujer entra en su vida. Esta es su vecina Irene (Carey Mulligan), quien tiene un hijo encantador (Kaden Leos) y un marido no tan recomendable: se trata de Standard (Oscar Isaac), quien está listo para reintegrarse en la sociedad tras una época entre rejas.

Pero el mundo en el que Driver y Standard se mueven no les permitirá mantenerse al margen de la ilegalidad.

De ahí que “Drive”, clasificada R por su extrema violencia (atención a como el protagonista golpea a un rival en un ascensor, machacando su cabeza hasta que termina siendo irreconocible), sea un fascinante retrato del mundo del hampa: brutal, melancólico, perturbador y seductor.