Naufraga el proyecto bipartidista

Supercomité no pudo establecer acuerdos de reforma para Medicare, Seguro Social y otros

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WASHINGTON, D.C.- Como un fracaso rotundo. Así resultó el trabajo del llamado “supercomité legislativo”, que elaboraría una propuesta bipartidista para determinar 1.5 billones de dólares en recortes. Ahora, el Congreso enfrentará el descrédito de la opinión pública, además de nuevos desafíos para prevenir recortes obligados de 1.2 billones.

En Washington D.C., nadie tenía las esperanzas muy en alto, respecto a los resultados del supercomité. Desde que se creó en agosto de 2011, como parte del acuerdo para elevar el límite de la deuda nacional, muchos expresaron sus dudas.

No era para menos, su tarea era maratónica: un plan bipartidista con reformas substanciales a Medicare, Medicaid y Seguro Social, recortes en defensa e impuestos. “Todo está sobre la mesa”, fueron las declaraciones iniciales.

Desde entonces sus 12 integrantes, los senadores Patty Murray (D-WA), John Kerry (D-MA), Max Baucus (D-MT), Rob Portman (R-OH), Patrick Toomey (R-PA) Jon Kyl (R-AZ) y los congresistas Xavier Becerra (D-CA), Jim Clyburn (D-S.C.), Chris Van Hollen (D-MD), Dave Camp (R-MI) Jeb Hensarling (R-TX) y Fred Upton (R-MI), comenzaron el trabajo.

Ayer, sin embargo, salió humo negro, luego de varias reuniones de última hora. “Hemos llegado a la conclusión de que no será posible llegar a un acuerdo bipartidista, disponible para el público, antes de que se venza el plazo establecido”, explicó la declaración emitida por los líderes del grupo, Murray y Henserling.

“A pesar de la inhabilidad de conciliar nuestras diferencias, permanecemos esperanzados en que el Congreso pueda construir en base al trabajo del comité”, agregaron.

Becerra reconoció a La Opinión que luego de meses de intenso trabajo existe frustración. “Teníamos todos los elementos presentes para crear un mejor plan que los recortes automáticos, pero no logramos la participación real de todos”, aseguró.

“Si los republicanos hubieran sido tan ambiciosos en encontrar maneras para generar ingresos a través de impuestos, como lo fueron en llamar por recortes a programas como el Seguro Social, no tendríamos este resultado”, insistió.

“Esta es una oportunidad perdida, sobre todo para crear empleos. Ya hemos visto lo difícil que es llegar a una victoria bipartidista en este Congreso”, dijo.

Por su parte Toomey, quien lideró una de las últimas propuestas republicanas, declaró que “ofrecieron un compromiso que implicaba generación de ingreso, pero los demócratas rehusaron acceder, sin que hubiera al menos 1 billón en aumentos de impuestos”.

De acuerdo a expertas en política pública como, Alice Rivlin, de Brookings Institution, la razón por la que no se llegó a acuerdo, está en la “polarización de los extremos en ambos partidos. Es una falla de liderazgo, no pudieron convencer a sus miembros”, dijo.

El fracaso del supercomité implica que para 2013 se aplicará lo que en Washington se ha llamado “secuestro”, un mecanismo automático que recortará 1.2 billones de dólares de manera igualitaria, en todos los ámbitos del gasto gubernamental en los próximos 10 años.

“Este proceso desencadenará recortes en el gasto discrecional, donde se verán afectados programas que benefician a comunidades minoritarias. No son buenas noticias, para personas de menores ingresos. La ley aprobada en agosto ya dictaminó recortes en este tipo de gastos y ahora esto se sumará”, enfatizó Rivlin.

Un efecto más inmediato que podría traer la falta de acuerdos en el Congreso, es una nueva degradación en la calificación del crédito estadounidense en el mercado internacional. Si los inversionistas pierden la confianza en la capacidad de pago de Estados Unidos, eso podría traer más problemas económicos al país.

Otra consecuencia de corto plazo para el país, es que se esperaba que medidas como la extensión de beneficios de desempleo fuera incluida en la propuesta del supercomité. Ahora la iniciativa, que expira en diciembre, está a su suerte.

A pesar del pesimismo propio del fracaso, algunos analistas políticos creen que aún habrá una oportunidad antes que se active el “secuestro”. Específicamente el momento en que los recortes tributarios de la era del presidente George W. Bush expiren en 2012, días después de la elección presidencial. Quizás ahí se abrirá otra ventana de diálogo, marcada por los votos.