Ser indocumentado afecta salud mental de jóvenes

Expertos aseguran que el no tener documentos legales tiene implicaciones en el bienestar de niños y jóvenes

Chicago – Para algunos jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo niños puede ser difícil nombrar o definir las sensaciones y dificultades emocionales que han experimentado en su paso de la infancia a la etapa adulta.

Pero para Roberto Gonzáles, profesor asistente de la Escuela de Administración de Servicios Sociales de la Universidad de Chicago, las implicaciones que tiene en la salud mental el llevar una vida de indocumentado ha sido tema de estudio durante varios años.

“Mientras sus amigos y compañeros avanzan, ellos están estancados; sus vidas no tienen continuidad”, afirmó el académico en un panel realizado recientemente en la escuela de psicología Adler de esa universidad.

Se calcula que alrededor de 2.1 millones de niños y adultos jóvenes indocumentados siguen esperando una vía hacia la legalización; pero mientras tanto constituyen una población con severas necesidades.

Para Gonzales, el no tener documentos legales es uno de los más grandes temas de derechos civiles de nuestro tiempo y en particular para estos niños y jóvenes inmigrantes que crecieron aquí, tiene que ver con una “integración sin legalización” y un debate entre “sentimientos de inclusión y exclusión”.

Gonzales se refirió, por ejemplo, a cuatro choques o impactos que se experimentan y que afectan la salud emocional de estos jóvenes.

El primero es el de exclusión, que se vive entre los 15 y 17 años, cuando un mundo que hasta ahora parecía no tener restricciones se les llena de obstáculos. Es cuando empiezan a caer en cuenta de que no tienen un número de seguro social, no pueden sacar licencia de conducir ni recibir ciertas becas.

En segundo lugar está el choque de vivir en un limbo, pues la transición normal hacia una etapa de adulto se ve bloqueada por no tener documentos. “A esto se agregan sensaciones de ansiedad e incertidumbre de las que no se puede escapar, sienten que no tienen control”, dijo.

Luego viene el choque de conciencia, que involucra un debilitamiento de mayor intensidad, se internalizan etiquetas o adjetivos negativos sobre su condición de inmigrantes indocumentados, llega el miedo a ser descubiertos, por ‘la migra’.

Y por último está el choque del futuro, cuando abandonan antiguos patrones, cambian sus rutinas, se distancian de amigos con los que crecieron, empiezan a trabajar en la clandestinidad, etc. Se les reducen las oportunidades pero al mismo tiempo aumentan sus responsabilidades, indicó.

Durante la discusión, Gonzales destacó la importancia de educar a consejeros de escuelas secundarias, activistas de organizaciones comunitarias, amigos y familiares de estos jóvenes que muchas veces no comparten con otros sobre lo que están atravesando.

Un grupo de jóvenes de Chicago e Illinois se enfocan en desarrollar iniciativas de apoyo en términos de salud mental para los adolescentes y adultos jóvenes indocumentados.

En un panel realizado a comienzos de este mes en la escuela de psicología Adler, en el centro de Chicago, diversos profesionales hablaron sobre cómo la condición de ser indocumentado tiene implicaciones en la salud mental de niños y jóvenes.

Allí, Jacqueline Luna, trabajadora social en el programa Violence Recovery Services de la agencia Heartland Alliance, en McKinley Park, se refirió a su experiencia.

“El establecer relaciones con estas personas que son indocumentadas me ha hecho tratar de buscar formas de apoyarlas”, dijo Luna.

La joven también trabaja con el grupo Immigrant Youth Justice League (IYJL) para apoyarles en el desarrollo de iniciativas sobre salud mental.

Estos muchachos “experimentan un impacto importante en sus capacidades emocionales, en su salud mental, en sus cuerpos”, explicó Luna.

De ahí la importancia de trabajar en desarrollar capacidades para que puedan sobrellevar el estrés.

También señaló el enfoque en estrategias para reducir el daño. Esto significa que se reconoce que algunas personas seguirán llevando a cabo conductas de riesgo; pero se buscará mitigar el potencial daño asociado con estas conductas, sin intentar prohibirlas del todo.

Luna hizo énfasis en la necesidad de ayudar a estos jóvenes con una práctica anti opresiva, que comprende el impacto humano de la injusticia, racismo, sexismo, homofobia, clasismo, pobreza, etc.