Triunfo con dificultades

Al comienzo de esta campaña republicana para escoger el candidato que se opondría al presidente Barack Obama en noviembre los expertos decían que el exgobernador de Massachusetts, Mitt Romney, ganaba fácil. Después de un par de meses en primarias estatales donde Romney nunca obtuvo el voto del ala conservador del Partido Republicano, los expertos dijeron: “Esperemos al Súper Martes” día en que 10 estados escogerían sus delegados a la convención republicana en Tampa.

Romney ganó seis de los 10 estados este martes pasado, pero su victoria en Ohio, estado crucial en toda elección presidencial fue tan apretada, que ahora hay dudas que pueda obtener los delegados necesarios para ganar la nominación. Romney ganó el martes, pero salió de la misma gravemente herido políticamente.

Es posible que Romney todavía pueda llegar a obtener los delegados necesarios para ganar la nominación. Algunos expertos aún dicen que es probable que lo haga. Pero hay dudas. Los conservadores del partido no lo tragan y en todo estado que votan lo demuestran.

Todavía hay cuatro candidatos peleando por la nominación republicana: el exsenador de Pennsylvania, Rick Santorum; el expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich; y el congresista de Texas, Ron Paul.

De ellos el que más problemas le crea a Romney es Santorum. Sus posiciones políticas en asuntos sociales son ultra conservadoras. Y es un candidato simpático que ha ido adquiriendo fuerza a medida que pasan los meses. Santorum perdió Ohio en una pelea muy reñida. Pero además ganó Oklahoma, Tennessee y North Dakota.

Gingrich ganó con facilidad Georgia, estado que representó en el congreso durante muchos años. Y en las próximas semanas tiene primarias en otros estados sureños que pueden volver a darle vida a su candidatura.

Y Paul es un caso sui generis. Tiene más de 70 años. Es un candidato perenne de ideas libertarias. Su público es fiel como los perros y los siguen a todas partes. Lo sorprendente de Paul es que mucho de sus seguidores son gente joven, no contentos con la política de ninguno de los dos partidos.

Los problemas de Romney son obvios. En papel él debe ser el candidato. Tiene el respaldo de los dirigentes del partido; tiene dinero; luce bien. Sin embargo, Romney no ha encontrado la manera de llegarles a los votantes. Dicen que es demasiado rico y no se da cuenta de las cosas que dice; como cuando dijo que su esposa tenía dos Cadillacs. A los votantes les cuesta trabajo identificarse con él. Y no importa lo que diga, tiene en su contra que como gobernador aprobó una reforma de salud en Massachusetts y en el pasado ha dicho que haría lo mismo a nivel nacional – algo parecido a la ley que aprobó el Presidente Obama. Ahora dice que si gana lo primero que haría sería invalidar la ley aprobada por Obama. Los conservadores del partido no le creen.

Por supuesto que ni Santorum, ni Gingrich, ni Paul tienen la popularidad ni el dinero para montar una verdadera campaña de aquí a agosto. Ninguno de ellos puede ganar el número de delegados para obtener la nominación. La presencia de todos ellos por ahora ayuda a Romney. Pero si llega a ser el candidato va a estar sumamente debilitado.

En todas las contiendas políticas los candidatos se sacan los trapos sucios. Pero en este los republicanos se han esmerado. Es posible que a fin de cuentas cuando por fin se sepa quien va a ser el candidato que corra en contra de Obama, todos los que hoy se disputan el derecho decidan unirse y respaldar al ganador. Es los que usualmente ocurre.

Pero en este caso los insultos han sido personales. Gingrich no le perdona a Romney que con dinero haya destruido su candidatura. Santorum y Paul van, más o menos por el mismo camino.

Lo importante, sin embargo, es que aunque los candidatos y el propio partido le de su bendición a Romney, nadie sabe si los conservadores del partido, hoy predominantes entre los republicanos saldrían a votar por él. Y mucho menos que lo hagan con el entusiasmo que los llevó a las victorias electorales del 2010.