Cuidar la tierra, empezando por Brooklyn

Acuden a él buscando consejos de negocios y también lecciones de vida
Cuidar la tierra, empezando por Brooklyn
Sean Meenan es una figura mítica en Brooklyn donde creó Habana Outpost, el primer restaurante que opera con energía solar y Habana Works, una organización sin fines de lucro que utiliza la arquitectura como vía para el cuidado del medio ambiente.
Foto: Silvina Sterin Pensel

Sean Meenan saluda sonriente a unos muchachos mexicanos que se dirigen a la cocina y luego observa complacido el color azul eléctrico y chillón que otro joven le da a las sillas y mesas de Habana Outpost, el espacio, creado por él mismo, que genera energía usando paneles solares y que es simultáneamente restaurante ecológico, centro comunitario y laboratorio cultural.

Desde que abrió sus puertas por primera vez en abril de 2005 se ha convertido en un verdadero lugar de culto en Fort Greene y sus seguidores esperan ansiosos la inauguración de esta temporada.

“Vamos a reabrir con una mega fiesta para celebrar el día de la tierra, el 14 de abril, así que estamos ya en la cuenta regresiva”, dice sin que en su voz se note una pizca de nerviosismo.

En la ruidosa esquina de South Portland y Fulton, Habana Outpost es un oasis que durante la primavera y el verano permite a quienes lo visitan escapar aunque sea por un rato del cemento pegajoso disfrutando de una margarita helada, un elote grillado de ensueño y otras delicias mexicanas.

Todos son bienvenidos: los jóvenes, los que no lo son tanto y familias repletas de niños.

“Esa es siempre mi filosofía”, señala, sentado ya en su oficina, un amplio rectángulo pintado de naranja con ventanales por donde se cuela el sol. “No excluir a nadie y que todos se sientan a gusto. Aquí puedes venir con dos dólares o con una fortuna. De las dos maneras comerás y lo pasarás bien”.

De ancestros irlandeses, nació y vivió la mayor parte de su vida en Manhattan, donde en 1997 –con menos de 30 años– logró poner en pie Café Habana, un legendario diner en la intersección de las calles Elizabeth y Prince que homenajea al mítico café del distrito federal mexicano donde, aseguran muchos, acudía Fidel y que aquí en NY se jacta de preparar el mejor sándwich cubano de la ciudad.

Sin embargo, fue Brooklyn quien lo enamoró a primera vista. “En el pasado solía ir al Bedford-Stuyvesant Boxing Center,” dice mirando de reojo una bolsa negra que cuelga del techo y donde todavía se desahoga si lo molesta el estrés. “La magia de este lugar y su gente me atraparon. Todos los valores que hacían de Manhattan un lugar increíble están exacerbados y acentuados aquí en Brooklyn”.

A fuego lento, Sean fue comprando propiedades; el terreno donde hoy está el Habana Outpost y varios edificios aledaños, como el de enfrente, al que bautizó “Love building”. De estructura parecida al Flan Iron, lo renovó totalmente con la ayuda de un equipo –incluido un rescatista de palomas que se aseguró que la colonia de pájaros que vivía en el ático encontrara nuevo hogar– y actualmente viven allí algunos de sus empleados. La imponente estructura es fiel testimonio de sus sentimientos hacia el condado y en su fachada se lee: ‘Esparce amor, es lo que se hace en Brooklyn’, la letra pertenece a una canción del rappero B.I.G cuya figura fue inmortalizada en un mural sobre otro costado deel edificio, emulando una propaganda cubana de El Che y bajo el lema ¡Comandante Biggie!

Su cara y su mirada luminosa y sus buenas intenciones para la zona ya eran conocidas cuando un día Sean apareció cargando varios paneles solares y comenzó a instalarlos en su futuro local. “Creo firmemente que no hay otra opción más que cuidar el medio ambiente; valorar esto que tenemos. Me interesó tener paneles solares desde que supe que en 1979 el Presidente Jimmy Carter los había instalado en el techo de la Casa Blanca y después Ronald Regan los sacó”.

Ese fue el primer paso de muchos otros que dio el establecimiento donde el agua para los excusados es agua de lluvia y donde los vasos y platos son de plástico biodegradable. “Al principio compraba los comunes en Bowery, donde venden equipamiento para restaurantes pero allí sólo ofrecen distintos tamaños, no distintos materiales. Cuando me enteré que éstos, una vez que ya no se usan, se descomponen rápido y sirven de abono, cambié y los empecé a traer desde California. Fue un gasto, sí, pero yo lo considero una inversión en nuestra tierra”.

A los 45 años es un mentor de sus empleados quienes –sean cocineros, camareros o managers– acuden a él buscando consejos de negocios y también lecciones de vida.

Su foco ahora está puesto en su pequeño hijo de 16 meses y en la organización sin fines de lucro Habana Works y sus programas que buscan solucionar problemas que aquejan a los distintos barrios de Brooklyn utilizando sus dos pasiones, la ecología y la arquitectura y fomentando el encuentro de estudiantes y profesionales.

Asimismo, asegura, saldará pronto una deuda pendiente: pulir su español. “Es una cuestión de respeto a quienes trabajan conmigo y a la cultura latina que amo y me ha dado tanto”.

Para más informes: habanaworks.org

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