Mafia ambulante en las calles del Alto Manhattan

Pocos conocen las batallas que se libran en el corredor comercial del barrio latino

Vista de un sector de la avenida St. Nicholas, donde vendedores ambulantes trabajan para conseguir el sustento diario.
Vista de un sector de la avenida St. Nicholas, donde vendedores ambulantes trabajan para conseguir el sustento diario.
Foto: Jose Acosta / edlp

Alto Manhattan – Frutas, ropa interior, habichuelas con dulce, zapatos, accesorios… Las calles del barrio hispano de Washington Heights, en el Alto Manhattan, parecen un tranquilo mercado de pulgas.

Por la apariencia de este lugar, nadie creería que la ciudad de Nueva York tiene limitado el número de permisos para vender en la calle. Pero basta sacarles conversación a algunos vendedores para descubrir cómo opera este sector de la economía informal y cómo la falta de licencias ha creado una especie de mafia, donde quienes tienen permisos viven a expensas de los que no tienen, cobrándoles sumas que van desde $70 a $150 por día.

Aquí los vendedores que no tienen licencia les pagan a personas que sí las tienen, en su mayoría veteranos, para que les cubran la espalda con la policía.

Uno de los casos es el de Carlos Belalcazar, veterano del Ejército de los Estados Unidos, quien cobra $70 al día al vendedor ambulante Pedro Acevedo, de 50 años, comerciante de fantasías en la avenida St. Nicholas.

“Yo sólo cobro $70 para ayudar al vendedor, pero aquí hay gente que cobra $150”, dijo Belalcazar. “Otros cobran un porcentaje de las ventas para respaldar al vendedor con la licencia”, señaló.

Acevedo, el verdadero dueño del negocio, no ve esto como una mafia sino como “una asociación” en la que el comerciante es quien lleva las de perder porque tiene que trabajar largas jornadas y cargar con todos los riesgos del negocio, y culpa de la situación a que el Departamento de Protección al Consumidor, DCA, tiene las licencias de General Vendor congeladas.

“Nosotros sólo tenemos licencia para vender en ferias callejeras, pero éstas no nos sirven para vender en la calle”, dijo Acevedo.

Esperando a Godot

El problema, según Sasha Ahuja, del Proyecto de Vendedores Ambulantes del Centro de Justicia Urbana, es que desde los años 80s, no hay licencias ni permisos para los vendedores ambulantes, y sólo los veteranos pueden conseguir una licencia de vendedor general.

“La mayoría está vendiendo sin licencia y eso no es justo. Nosotros tenemos una lucha para que la ciudad emita más licencias”, dijo Ahuja, quien no ve la situación entre los veteranos y los vendedores sin licencia como una mafia, sino como un acuerdo informal, “porque ambos necesitan sobrevivir”.

“Muchos veteranos son personas mayores que no pueden ni caminar ni cargar mercancías, y se han asociado con estos vendedores para que les paguen de $100 a $150 al día a cambio del uso de la licencia”, dijo Ahuja.

De acuerdo con el Departamento de Protección al Consumidor, el número máximo de licencias de General Vendor que la agencia emite para no-veteranos está limitada por la ley 853. La lista de espera para solicitantes de licencia de no-veteranos está cerrada actualmente, y no se abrirá hasta que el DCA no termine con la lista de espera de no-veteranos que ya han solicitado.

La excepción, según el DCA, son los veteranos que han sido descargados honorablemente o su esposa sobreviviente o su compañera doméstica.

“A nosotros nos dan la licencia gratis”, dijo el veterano de guerra José Madera, de 70 años, quien tiene una asociación con la mexicana Victoria Fernández, una vendedora de carteras, gorras y gafas de la St. Nicholas. “Pero el problema de las licencias mantiene en guerra a los vendedores ambulantes”, señaló.

Guerra entre vendedores

Madera explicó que cuando la avenida se llena de vendedores, los que tienen licencia llaman a la policía para que saquen a los que no la tienen.

A esta tensión se unen las quejas de los comerciantes del área, por falta de higiene o competencia desleal, y de los mismos peatones, por falta de espacio para caminar. El número de quejas provocó que la policía ordenara sacar a los vendedores ambulantes del corredor comercial de la calle 181, de aceras estrechas. Uno de los que fueron arrestados en el operativo fue José Luis Elvir, de 30 años, vendedor sin licencia de fantasías, quien se valía de un veterano para operar.

“Yo fui al baño, pero el hombre de la licencia no estaba cuidando el puesto y me arrestaron y me confiscaron $1,000 en mercancías. El mes que viene tengo que ir a la corte”, dijo Elvir, quien admitió que la policía le había advertido que ya no lo querían en la calle 181.