Las tensas relaciones entre Uribe y Santos

Llevo casi 10 años defendiendo la labor del expresidente de Colombia Alvaro Uribe de todos los que han tratado de minimizar sus logros en casi eliminar la violencia que vivió el país andino por más de 50 años.

La labor de Uribe no fue fácil. Ni el presidente está exento de toda culpa por los atropellos cometidos mientras él mandaba en Colombia. A mí me interesaba más su lucha sin tregua contra la guerrilla y los narcotraficantes que la política interna del país. Hay quienes lo acusan de permitir contactos de miembros de su gobierno con los paramilitares de derecha que son culpables de muchos muertos.

Siempre de lejos he seguido la creciente riña entre el actual Presidente Juan Manuel Santos y Uribe. Santos fue Ministro de Defensa de Uribe y desde que llegó al poder se distanció de quien lo había apoyado a la presidencia. Las diferencias entre los dos mandatarios son muchas, pero ninguna mayor que la que surge en las relaciones diplomáticas de Colombia con la Venezuela de Hugo Chávez.

Uribe fue y continúa siendo un enemigo acérrimo de Chávez. Santos ha sido más diplomático. El no ataca a Chávez en público, y ha restablecido las deterioradas relaciones diplomáticas y económicas con Venezuela.

Era inevitable que surgiese y creciese la tensión entre Uribe y Santos. Uribe nunca ha entendido que los expresidentes no deben ser protagonistas. Deben guardar silencio y no atacar a su sucesor.

Entiendo que a un personaje tan intenso como Uribe le moleste que Santos haya cambiado de rumbo y que tenga el mismo o aún un mayor reconocimiento nacional e internacional. Es obvio que Uribe envidia la popularidad de Santos. Pero debe callar y no buscar nuevo protagonismo. Eso, sin embargo, es precisamente lo que ha hecho. En un Twitter en su cuenta personal atacó en forma violenta y directa al Presidente Chávez. Lo acusó de tratar de “encubrir el asesinato de 19 mil venezolanos al año”. Agregó que “Venezuela bajo Chávez se había convertido en un refugio para los terroristas”.

Eso no fue todo. Su mayor error fue decir en su cuenta de Twitter que él respaldaba la candidatura de Henrique Capriles a la presidencia de Venezuela. Capriles no tardó en responderle a Uribe. Le dijo que no se metiera en el proceso electoral venezolano.

“Le digo tanto al expresidente Uribe, como al presidente Santos, como a cualquier otro mandatario o exmandatario que no interfiera en el proceso electoral venezolano. Los venezolanos somos capaces de resolver nuestros propios problemas y no deseamos que ningún país interfiera en nuestros asuntos”, dijo Capriles en un discurso político el lunes.

Pero callar a Uribe es difícil. El le respondió a Capriles “que mientras en Venezuela gobierne una dictadura que protege a los terroristas nosotros seguiremos dando nuestra opinión todos los días”.

Nadie le niega el derecho a Uribe de hablar. La libertad de expresión es de todos. Pero los expresidentes deben ser prudentes.