El efecto Facebook

Facebook, la popular red social, realizó su oferta pública en la Bolsa y con esto se convirtió en una de las compañías más ricas del mundo. Las noticias no han dejado de cubrir este suceso. Se ven las fotos y videos de Mark Zuckerberg en su atuendo informal y se ven las imágenes y gráficas de todo el dinero que van a ganar los fundadores e inversionistas iniciales y, especialmente, su fundador. Tras todo este ajetreo, ¿qué ha logrado Facebook en realidad?

Facebook esencialmente ha convencido a una quinta parte del planeta de que se registre en su sitio y de que las personas provean información de donde viven, a qué se dedican, quienes son sus amigos, en qué trabajan, sus creencias religiosas, sus ideologías políticas, sus fotos, los lugares que visitan, su estado civil, las compañías, sitios, marcas y personas y actividades que les gustan…

A cambio de esto, Facebook les provee una plataforma gratuita que les ayuda a conectase y mantenerse ‘al tanto’ de todas estas personas, desde amigos de la escuela hasta familiares lejanos de los cuales no te interesa saber tanto. También provee jueguitos y aplicaciones sociales con las que pueden interactuar y aquí viene la mejor parte: utilizan toda esta información de sus preferencias y las de sus amigos para crear anuncios personalizados que, se supone, te puedan influenciar mejor. Todo esto está hecho de una manera tal que la interacción en el sitio se ha vuelto adictiva para muchas personas, que entran al sitio varias veces al día para ver qué está aconteciendo en ‘su mundo’.

Facebook tiene un algoritmo interno llamado Edge Rank, que determina las interacciones que aparecen en tu timeline o línea de tiempo. Si hay algún amigo que hace tiempo no ves en Facebook, puede ser porque este algoritmo determinó que no era muy cercano a ti y no te interesaba mucho. ¿Te pidieron permiso para hacer esto?

Estas fiebres temporales me recuerdan los tiempos de América Online (AOL), donde se pagaba por subscripciones para tener acceso a su red cerrada y separada de internet. Hoy en día, la historia se repite por falta de una opción más adictiva: nos conectamos con Facebook y compartimos nuestros detalles más íntimos y nos socializamos, de esta manera extraña, al comentar sobre las hazañas y hechos de la vida diaria de otras personas y haciendo clic en el botoncito de ‘Me gusta’.

Cierro los ojos y recuerdo la película ‘The Matrix’, donde los humanos existían viviendo en un mundo de fantasía creado por las computadoras, pero realmente vivían encerrados en un capullo. El efecto de Facebook en la sociedad está por determinarse pero, por ahora, dirijo mi dedo pulgar hacia abajo como hacían los emperadores romanos y digo: no me gusta.