Gracias, Nora Ephron

Puedo escribir la columna más triste para este día. Escribir por ejemplo, con permiso de Neruda: “Ha muerto una mujer que nunca conocí y en mi cielo una estrella ya no parpadea”.

Nora Ephron falleció el martes en Nueva York. Tenía 71 años. Tenía leucemia. Quienes la conocieron personalmente la describen como una mujer bondadosa, generosa, llena de humor y de entusiasmo. Una neoyorquina por excelencia que amaba la gran ciudad donde nació y murió.

Quizás su nombre no haga tocar campanas en la memoria de muchos a pesar de su amplia labor como periodista, dramaturga, autora de varios libros y guionista de cine por casi medio siglo. Pero estoy segura que una gran mayoría han visto sus películas: When Harry Met Sally (1989), Sleepless in Seattle (1993), You’ve Got Mail (1998), Julie & Julia (2009), algunas de las cuales también dirigió.

Estas no son películas de gran derroche intelectual ni artificios visuales, sino más bien retratos humorísticos y románticos de gentes, lugares y cosas dentro del marco cultural de la época en que se filmaron. Pero no por eso dejan de ser importantes, conmovedoras y esclarecedoras. Son un excelente vehículo para los recién llegados entender la sociedad y el momento en que vivimos.

En You’ve Got Mail, una adaptación de un tema que se filmó en varias ocasiones bajo otros títulos, como por ejemplo The Little Shop Around the Corner (1940) y In the Good Old Summertime (1949), fue la primera en tocar el tema de romances por Internet. Pero no se quedó ahí. También iluminó el problema de cómo las grandes cadenas de tiendas, en ese caso una super librería, destruyen los pequeños negocios locales al abrir sus puertas en ciertas áreas de la ciudad.

Yo fui admiradora de ella antes de que el cine la hiciera más popular… bueno, “popular” es un decir. Después de todo, ¿quién lleva cuenta de quién escribió tal o más cual guión cinematográfico? Con la excepción de Fellini, Hitchcock y Almódovar, el público en general usualmente no toma en cuenta ni reconoce a los directores y guionistas que están detrás de los filmes que tanto disfrutan. Es una labor ingrata y que además, en el caso de las comedias, es menospreciada o ignorada por los cánones literarios y cinematográficos.

Su humor y sus afiladas observaciones culturales eran lo que más me atraían de Nora Ephron desde que comencé, allá por los años 70, a leer sus columnas en la revista Newsweek. Ella y Shana Alexander, la primera mujer columnista de la revista Life, me inspiraron a apreciar ese género periodístico y a soñar que “cuando fuera grande” quizás yo lograría llegar a escribir como ellas.

A veces es difícil entender por qué algunas muertes nos afectan más que otras, ya sean de extraños o de seres queridos. Para mí, en este caso, quizás la tristeza surja de la inevitable realidad de que a pesar de que ya estoy bastante grande todavía no escribo como Nora Ephron.

De todos modos, Nora, gracias por la risa y la inspiración.