Mexicanos dan vida a la ciudad

Mexicanos dan vida a la ciudad
La comunidad mexicana ha aumentado dramáticamente su presencia en Nueva York en los últimos 20 años, dándole un sabor y color único a la Gran Manzana.
Foto: Zaira Cortés / EDLP

Nueva York – Cuando Francisco García comenzó a vender productos mexicanos en El Barrio, a finales de los 80, se encontró con una floreciente comunidad puertorriqueña. Entonces sus compatriotas pasaban desapercibidos y comercializar un paquete de tortillas en el vecindario, era tan difícil como imaginar un East Harlem tricolor.

García, de 59 años, emigró de Tulcingo de Valle, Puebla en 1973 y se estableció en El Bronx. Él y su esposa Balvina se legalizaron en la amnistía del 89. “Vendíamos productos casa por casa en East Harlem”, recordó.

Un año después, abrieron la primera tienda mexicana en El Barrio en el antiguo local de una panadería italiana donde llevan ya 22 años.

Su tienda México Lindo, en la Segunda Avenida, creció al igual que los hijo s de sus paisanos, quienes ahora son padres. Es el caso de María Huerta, de 35 años, que llegó a El Barrio en 1994.

“Ese año entré a la secundaria Seward Park. De los mil estudiantes graduados sólo cinco éramos mexicanos”.

Huerta, una líder de la organización de vendedores Vamos Unidos, recuerda que a mediados de los 90, los establecimientos crecieron tan rápido como la diáspora.

“En lo que hoy es la tienda Little México, antes era un negocio de ropa puertorriqueña. Crecimos y desplazamos a otras comunidades”.

Los cambios demográficos en las últimas dos décadas, no sólo son recuerdos de migrantes como Francisco y María. Según el Censo de 1990, la población mexicana creció en un 203% en comparación con el 9% de la población general de la ciudad. Para ese año, la cifra fue de 58,410 y en el 2000 se incrementó a 187,259. Una década después alcanzó 342,699.

En los 80, una ola masiva de poblanos arribaron a la ciudad. Hace 12 años se calculaban unos 100 mil. Actualmente son 800 mil, según el Consulado Mexicano. La vibrante “Puebla York” originó la apertura de varias organizaciones comunitarias, como Casa Puebla y Mixteca Organization.

La explosión migratoria no sólo causó impactó en la Gran Manzana. Las pequeñas comunidades de Puebla lo resintieron. Un ejemplo es Zapotitlán Salinas, al sureste del estado. El 70% de sus más de dos mil habitantes son mujeres, ancianos y niños, según cifras del gobierno local.

En las décadas de los 70 y 80, hombres jóvenes y adolescentes del lugar comenzaron a migrar a Nueva York. La mayoría se encuentra en El Bronx. La situación no es diferente ahora. Alejandro Nájera, secretario general del gobierno municipal, comentó que jóvenes entre 14 y 15 años se aventuran a cruzar la frontera.

“Es común ver a mujeres bailar con niños pequeños en fiestas. Sus esposos están del otro lado. Tenemos muchas familias que no ven al padre en 20 o 30 años. Sus hijos mejor se van”.

El 98% de los migrantes de Zapotitlán Salinas no están legalizados. Aunque mantienen la economía de las familias con sus remesas, pocos crean negocios y fuentes de empleo. En el desértico poblado es común ver hermosas casas deshabitadas y calles desoladas.

Bertha Barragán, de 45 años, cruzó el desierto de Arizona cuando salió de Zapotitlán Salinas en 2000 con sus tres hijos para encontrarse con su esposo, quien ya vivía en Nueva York. Aunque separada de su pareja, prefiere vivir en El Bronx.

“Aquí logré mi independencia económica con un pequeño negocio y me va bien. En mi pueblo nada más hay pobreza”, dijo.

El Consulado Mexicano indicó que en las décadas de los 80 y 90 migraban principalmente varones; sin embargo, en los últimos años más mujeres están arribando. Según datos del American Community Survey realizado por la oficina del Censo, entre 2007 y 2009, el 43.3% de la población mexicana eran mujeres.

Un cambio significativo es la creciente población indígena, tanto que la Fiscalía de Manhattan cuenta con traductores de mixteco a español. En El Barrio hay una gran concentración de esta etnia procedente de Guerrero y Oaxaca.

Cinthya Santos, antropóloga y estudiosa de la migración indígena desde 2007, explicó que existe una importante población Otomí en Corona y Flushing.

Claudia Villegas, geógrafa social de Seton Hall University, comentó que aunque la comunidad poblana es la más grande, en las últimas décadas mexicanos de otros estados aumentaron, como los michoacanos en Long Island y Westchester, y los oaxaqueños en New Brunswick, Nueva Jersey.