Denuncian cultura de crueldad en la frontera

Revelan que agentes destruyen botellas de agua dejadas para quienes cruzan.

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Denuncian cultura de crueldad en la frontera
Los agentes se han dedicado a patear y romper los galones de agua de migrantes que intentan cruzar la frontera con México y reciben también vejaciones.
Foto: AP

Nueva York – Miles de cuerpos han aparecido durante años en las zonas fronterizas del suroeste de Estados Unidos. El aumento en la vigilancia de la frontera ha llevado a migrantes a probar suerte en apartados cruces del desierto. En el vasto terreno, desconocido y hostil, muchos se pierden y se quedan sin agua, con consecuencias devastadoras. En lo que va de este año, 94 cuerpos sin vida han sido recuperados, sólo en Arizona.

Desde 2004, el grupo religioso “No Más Muertes” deja galones de agua cerca de las rutas migratorias más comunes, en un intento desesperado por salvar vidas. Pero en mayo, en el duro desierto de Sonora donde la temperatura llega a superar los 100 grados Fahrenheit, los voluntarios del grupo han notado que sus botellas de agua han sido rotas, destruidas o vaciadas. Ante la sospecha de que los rancheros de la zona podrían ser los culpables, “No Más Muertes” decidió instalar cámaras secretas. Se sorprendieron de lo que encontraron: los agentes de la Patrulla Fronteriza a propósito, incluso alegremente, destruían los galones de agua.

El video -que será transmitido por primera vez esta noche a las 8:30 p.m. en el programa de PBS “Need to Know”, (Necesita Saber)- muestra a tres agentes de la Patrulla Fronteriza caminando por una ruta migratoria y acercándose a unos seis galones de agua. Un agente se detiene delante de uno los contenedores y comienza a patearlo con fuerza hacia un barranco. Las botellas se estrellan contra las rocas y se revientan. Los agentes se ríen, y parecían disfrutar con el espectáculo. Uno dice algo en voz baja, pero se escucha la palabra “tonk”. Un agente me dijo que la palabra es un término despectivo que refiere al sonido de linterna al ser golpeada contra la cabeza de un migrante: “tonk”. Tras destruir todos los envases de agua, los agentes siguen su camino.

El evento no era un caso aislado. Un voluntario de “No Más Muertes” se había quejado varios meses antes con Lisa Reed, el enlace comunitario de la Patrulla Fronteriza de Tucson, que los contenedores de agua estaban siendo destruidos por los agentes. Reed respondió entonces con un correo electrónico diciendo: “Estoy preparando un memorándum del jefe a todos los agentes para que no toquen el agua”. Los agentes filmados, o bien nunca recibieron el memorandum, o lo ignoraron.

Conocí a Demetrio, un emigrante de Veracruz de unos veinte años, quien fue detenido por la Patrulla Fronteriza. Al momento de su captura, estaba perdido en el desierto de Arizona sin agua ni comida desde hacía tres días. Cuando llegó a oficina de la Patrulla Fronteriza de Tucson, explicó a los agentes que se sentía enfermo y tenía fiebre. “Les dije que necesitaba ver a un médico… y me dijeron que no”, mencionó. “Uno de ellos dijo: Ponlo ahí y déjalo morir”. Contó que lo metieron en una celda superpoblada. “El estaba vomitando sangre y se sintió tan débil que apenas podía soportar. No se le dio comida ni agua durante seis o siete horas”, dijo.

El protocolo de la Patrulla Fronteriza requiere que los agentes proporcionen a los detenidos alimentos, agua potable, y servicios médicos de emergencia para mantenerlos en condiciones humanas y que se abstengan de hacer comentarios degradantes, pero esto rara vez es respetado en la práctica, dicen los defensores de los derechos humanos. En los últimos 20 años, Amnistía Internacional, la ACLU, No Más Muertes, incluso las Naciones Unidas han publicado informes que documentan abusos contra los derechos humanos a manos de agentes de la Patrulla Fronteriza. En los últimos dos años, al menos 14 migrantes y residentes han muerto presuntamente a manos de agentes de la Patrulla Fronteriza. La práctica parece ser sistemática y asciende a lo que No Más Muertes llama “una cultura de la crueldad”.

El Departamento de Seguridad Nacional afirma que sólo tres denuncias de condiciones de detención fueron presentadas contra la Patrulla Fronteriza en 2010 (los datos más actuales), en un año cuando los agentes detuvieron a más de 463,000 personas. Sólo 10 quejas fueron presentadas por “abuso de autoridad” y 13 por discriminación. Una solicitud hecha el mes pasado a través de la ley de libertad de información pública para acceder al registro de estas quejas, así como a las acciones disciplinarias tomadas por la Patrulla Fronteriza, aún no genera respuesta.

Así que hice un viaje a Nogales, México, para visitar la Iniciativa Fronteriza Kino, otro grupo religioso que ayuda a migrantes. El Padre Sean Carroll dirige la organización y supervisa los servicios de refugio, clínica y comedor. “No es todos los agentes”, dice Carroll. “Pero institucionalmente, hay problemas”.

Logré reunirme en Nogales con unos 75 inmigrantes, casi todos deportados recientes, durante su desayuno a la 9 a.m. Les pregunté si alguna vez se les había negado comida o agua, o encerrado en celdas sobrepobladas. Si habían sido abusados física o verbalmente, y si alguien les había negado atención médica. En cada pregunta, más de 50 de ellos levantó las manos. Así, en una sola mañana, sólo en esa ciudad, hubo más denuncias por supuestos abusos que las compiladas por la Seguridad Nacional.

En Nogales también escuché a migrantes mujeres jóvenes decir que habían recibido nalgadas por parte de agentes que las revisaban. Otras dijeron que habían sido pateadas, las habían llamado prostitutas, o les habían dicho que olían peor que perros.

Demetrio contó un incidente devastador que presenció y fue corroborado por otro de los detenidos. Vio cómo un joven migrante fue sacado de su celda por no entender una orden gritada en inglés. Luego lo obligaron a arrodillarse sobre tapas de botellas con los brazos extendidos. “Lo obligaron a permanecer así por más de tres horas”, explica Demetrio. Si él bajaba los brazos debido a la fatiga, los agentes le gritaban y lo obligaban a mantenerlos debidamente alzados. Agentes cubrieron las cámaras de vigilancia con cajas de galletas durante el incidente, según Demetrio.

El exagente de la Patrulla Fronteriza, Efraín Cruz, dijo que algunos oficiales, bajo la dirección de supervisores, obligan a los detenidos a permanecer en media sentadilla o “posiciones de estrés”, hasta que ya no puedan soportar.

En sus nueve años de trabajo en la frontera cerca de Tucson, Arizona, Cruz dijo que también vio detenidas “a personas de pie, hacinados en celdas al doble de su capacidad”, a pesar de haber celdas vacías cercanas. En 2003, Cruz comenzó a advertir a sus superiores de este patrón de abuso. Luego escribió cartas al jefe de sector, a la Procuraduría General y, finalmente, a miembros del Congreso. Cruz dejó la fuerza en 2007, sin haber recibido una respuesta.

La patrulla de Fronteras y Aduanas (CBP) en Washington respondió en términos más generales: “CBP destaca el honor y la integridad en cada aspecto de nuestra misión”, dijo un portavoz de la agencia por email. “No toleramos el abuso dentro de nuestras filas y … estamos totalmente comprometidos con la protección de los derechos de salud y la seguridad de todos con quienes nos relacionamos”, indicó.

Las políticas adecuadas parecen estar en su lugar. La pregunta es si se cumplen.

-John Carlos Frey reporta sobre inmigración en The Investigative Fund at The Nation Institute e inició la historia sobre Anastasio Hernández.