El ejemplo de Solalinde

El religioso mexicano Alejandro Solalinde es un emblema de la Pastoral de la Movilidad Humana y su popularidad en los últimos tiempos es un factor positivo en su labor de proteger a los indocumentados que llegan a México.

La fama del sacerdote le ganaron simpatizantes y enemigos. Su compromiso social lo llevó a ser uno de los personajes emblemáticos del Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad y le ganó amenazas contra su vida que lo llevaron a un breve exilio aquí en los Estados Unidos.

Ahora, al regresar al albergue Hermanos en el Camino, Solalinde se encontró con la intención de Oscar Campos, obispo de Tehuantepec, de removerlo del refugio que él fundó hace cinco años. Luego de que el sacerdote diera a conocer su conversación con el obispo, el mismo Oscar Campos dijo que no fue eso lo que le planteó a Solalinde, aunque dejó abierta la posibilidad de una salida de la comisión directiva del albergue.

La defensa de los inmigrantes juega un papel muy importante en la doctrina social de la iglesia, tal como lo ha visto la comunidad latina en Estados Unidos.

En el sur de México, Solalinde protege a los indocumentados de los atropellos de las autoridades y la delincuencia. Recién en los últimos años se ha tomado conciencia en el país vecino de la contradicción de pedir derechos y protección a los indocumentados mexicanos en Estados Unidos y no hacer lo mismo con los centroamericanos que ingresan a su tierra.

México, América Latina y el mundo necesita de más Solalindes. Urge que haya más hombres y mujeres comprometidos con el prójimo como él.

Los caminos de su apostolado lo han llevado a ser una imagen pública. Creemos que esto debe beneficiar la defensa de los inmigrantes y las pequeñeces humanas, como resentimientos y envidias, no deben ser un obstáculo. Al fin y al cabo, el testimonio de personas como Solalinde es la mejor relación pública para los fieles que puede tener la iglesia mexicana. No hay que entorpecer su labor.

Impremedia/La Opinión