window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-network'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

En un casino de Queens hispanos viven del azar (Fotos)

El casino RWCNY atrae a miles de jugadores a diario; unos ganan, otros se resignan, algunos patean las máquinas

Vista del casino RWCNY de Queens. A la izq., Elaine Pagán, Brenda Rivera y Miluzca Plaza, tres de las trabajadoras hispanas que laboran en el centro de juegos.

Vista del casino RWCNY de Queens. A la izq., Elaine Pagán, Brenda Rivera y Miluzca Plaza, tres de las trabajadoras hispanas que laboran en el centro de juegos. Crédito: Humberto Arellano / EDLP

Queens – La suerte es loca y a cualquiera le toca, pero nunca se puede forzar con engaños y puñetazos, como hacen algunos en el primer casino de la ciudad.

En el Resorts World Casino New York City (RWCNY) de Queens, tres niveles con más de 5,000 máquinas de apuestas y juegos electrónicos reciben unos 20,000 clientes al día de lunes a jueves, y hasta 50,000 en fin de semana. El grueso de los visitantes proviene de los cinco condados, pero también de Nueva Jersey, Connecticut y Filadelfia.

Muchos, según voceros del lugar, son jubilados. Como la puertorriqueña Lupe Martínez, asidua al lugar desde que abrió en octubre pasado.

“Para poder jugar, viajaba en autobús a Atlantic City, pero ahora es más conveniente porque tengo el casino a dos cuadras de mi casa”, dijo quien ha ganado hasta $1,000 y perdido $600 en seis horas de juego. “Nos hacía falta un casino en Nueva York, donde nos pudiéramos divertir y matar el estrés”.

Para la peruana Elizabeth Abarca la suerte ha sido evasiva, pero no deja de tratar. “Nunca he ganado un sólo centavo en este casino”. Lo máximo que arriesga son $100, aunque la apuesta máxima por ley es de $2,000.

“Aunque no tengo suerte, me gusta venir porque me entretengo”, aseguró. Ella visita el sitio de 6 p.m. a 12 a.m.

Aunque el ambiente es alegre, los gestos de algunos jugadores revelan tensión. Algunos trazan líneas con los dedos sobre la pantalla de las máquinas como conjurando el azar. Otros usan como amuletos a las “embajadoras de las máquinas”, empleadas que asisten a los clientes y cuidan los equipos.

“Muchos no quieren que te despegues de ellos porque creen que les traes suerte”, contó la “embajadora” venezolana Miluska Plaza.

A su lado, la ecuatoriana Brenda Rivera asienta con la cabeza. “Tengo un cliente asiático que desde el primer día siempre que me ve me da $6”, menciona con cierta frustración porque la política de la empresa es que las propinas se dividan entre todas las embajadoras.

Desde que fue aprobado en 2001, RWCNY no ha estado libre de controversias. Algunos opositores mantienen que viola regulaciones estales sobre juegos de azar. Otros predicen que ocasionará males sociales, como divorcios, adicción al juego y suicidios.

Pero los partidarios señalan que ayudará a mantener puestos de trabajo e ingresos para Nueva York. De los 1,750 empleados que RWCNY contrató, 22% (394) son hispanos.

Uno de ellos es la maestra puertorriqueña Elaine Pagán, de 23 años, quien perdió su trabajo durante la recesión económica cuando vivía en Pensilvania. Hoy reside a pocas cuadras del casino y es supervisora de máquinas de juego, con 30 empleados bajo su mando, 33% de ellos latinos.

“En marzo una anciana ganó el jackpot de $100,000 y nos abrazó a todas llorando de emoción”, recordó Pagán.

Pero si la fortuna no está de su lado, algunos clientes dan trompadas y patadas. A ella le toca la dura tarea de controlarlos. “Cuando están perdiendo se ponen histéricos y hablan mal del casino, pero regresan al otro día”.

Dañar las máquinas de apuestas es el crimen de mayor crecimiento en el cuartel 106, que cubre la comunidad donde está el casino. “Al mes rompen unas cinco máquinas”, dijo Pagan.

A algunos les ha tocado pagar hasta $2,000 en daños, según la supervisora. Sin embargo, por el volumen de visitantes, el casino es muy seguro, según fuentes de la fiscalía de Queens.

El complejo está abierto para mayores de 18 años, pero siempre hay quienes tratan de acceder sin tener la edad permitida. “Me han tocado cinco casos como ésos”, dijo el vigilante José Flores, exsoldado boricua que se encarga de la seguridad en el piso de juego. Más de 1,500 cámaras de vigilancia lo ayudan en su labor.

Contenido Patrocinado