Hispanos se ingenian para no perder negocios

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Hispanos se ingenian para no perder negocios
María R. Martínez y su hijo Rubén improvisaron una venta de tacos a las puertas de su negocio en la avenida A.
Foto: Fotos: CAROLINA LEDEZMA / EDLP

Nueva York – La mexicana María R. Martínez y su hijo Rubén perdieron más de $3,000 en alimentos que compraron previo a la llegada del huracán Sandy, previendo que no podrían adquirirlos más tarde. Pero nunca calcularon que su negocio en el Lower East Side no tendría luz por tantos días seguidos.

Después de 12 años en el local de la avenida A, nunca habían visto un daño como el que sufrieron por las inundaciones en la zona. Por suerte, el agua no entró a su negocio.

Para mantener activo su negocio Zaragoza Mexican Deli-Grocery, improvisaron un mostrador en la acera, donde ofrecen tacos, frijoles y arroz caseros a $10 el plato.

“Mantenemos una nevera con hielo para refrigerar lo que compramos para cocinar cada día, cocinamos con gas en casa de mi hijo en la calle 12 y pido favores a parientes en Brooklyn que sí tienen luz para licuar mi mole y la salsa verde”, explica María.

De igual manera, el dueño y los empleados de El Rinconcito, en la calle 10 y avenida C, no han cerrado sus puertas. A pesar de que esa zona fue inundada totalmente y decenas de negocios tienen pérdidas incalculables, su local no fue afectado y aún cuenta con servicio de gas y agua.

“Mi jefe, Pedro Rodríguez, se ingenió que con baterías de auto podíamos iluminar el negocio y así estamos funcionando”, contó Rosa Montesinos. Los precios han variado poco, asegura la empleada.

La mayoría de los locales del Losaida estaban siendo remozados para abrir pronto.

En bares del área, que atesoraban cajas de licores en sus sótanos, grupos de jóvenes buscaban qué podían salvar de la mercancía y secaban muebles con paños y secadores, mientras bombeaban el agua de sus plantas subterráneas.

En Casa Adela, uno de los clásicos de la cocina puertorriqueña con más de 40 años en la zona, la propia Adela luchaba con los fogones y el horno a gas para servir su pernil o los chicharrones de pollo como siempre lo ha hecho.

“Perdimos alimentos, pero por suerte no tuvimos muchas pérdidas y por eso desde el día siguiente de la tormenta estamos trabajando”, comentó la empleada Justa Viafara, quien aseguró que los precios no han cambiado, salvo el café por el que ahora cobran $2. “Es caótico, pero lo estamos logrando”, dijo Justa agotada por el esfuerzo.