Alejandra Guzmán celebró la vida en concierto en el Gibson

El regreso de Alejandra Guzmán a los escenarios de Los Ángeles tras su larga estancia en el hospital se saldó con un canto por la vida
Alejandra Guzmán celebró la vida en concierto en el Gibson
A pesar de sus recientes problemas de salud, Alejandra Guzmán mantuvo su energía en el escenario del Gibson el sábado por la noche.
Foto: Especial para La Opinión - René Miranda

El regreso de Alejandra Guzmán a los escenarios no fue otra cosa que una celebración a la vida.

En cada oportunidad, “La Reina del Rock”, agradeció, disfrutó y se entregó —como siempre lo ha hecho— a su público angelino que esperó impaciente su salida al escenario del Anfiteatro Gibson el sábado por la noche.

“Estoy feliz de estar viva”, fue una de sus primeras frases. “De estar aquí con ustedes, esto es lo que me hacía falta… Unos buenos gritos, gente sexy, cachonda, ¡gente como yo!”.

Alejandra Guzmán, de 44 años, volvió a los escenarios luego de estar varios meses en el hospital, algunos días muy grave, por una recaída de salud a consecuencia de una sustancia tóxica que le inyectaron en los glúteos.

Su energía fue indiscutible y su deseo por ofrecer un buen show incansable, pero los estragos de su enfermedad fueron, por momentos evidentes, en una Alejandra que acostumbra a ser muy dinámica en el escenario y hacer continuos y deslumbrantes cambios de vestuarios y, además, a presentar shows que en ocasiones, rebasaban las dos horas, algo que no sucedió en esta ocasión.

Eso y el retraso en el inicio del concierto —sobre todo este último—, fueron los que dejaron insatisfecho al público. Pero al momento del show, este respondió muy bien a lo presentado por la roquera.

Antes de iniciar, la audiencia estaba impaciente porque eran las nueve de la noche, una hora después de lo previsto, y la función no comenzaba. En varias ocasiones los gritos masivos y chiflidos del público indicaron que querían ya su inicio, pero nada.

Detrás de escenario, a los fotógrafos de los medios de comunicación se les indicó que, por decisión de última hora de la cantante, no quería fotografías muy de cerca y tuvieron que reacomodarlos.

A las 9:30 de la noche, Guzmán apareció en el escenario con un entallado traje blanco, con estampas geométricas y esporádicos colores neón, que hicieron lucir su espectacular figura.

“¡Les prometo que será una noche explosiva!”, gritó con ese vocerrón que la caracteriza.

Así llegaron temas como Diablo, Un grito en la noche y Mala hierba, este último con un consejo directo a su hija Frida, quien, junto con su prima Michelle Salas —hija de Luis Miguel—, se encontraba entre la audiencia.

Guzmán comentó que siempre ha vivido en la polémica: críticas, chismes, desgracias, amores y desamores, pero “a pesar de todo lo que me ha pasado en la vida, soy feliz”, aseveró. “Les doy un consejo, a Frida que está aquí: que aprendan que mala hierba nunca muere”, dijo. “Que les valga todo lo que digan… que se les resbale como a mí”.

Cuando llegó el turno de Volver a amar, una de sus fans que estaba muy cerca del escenario le entregó un enorme oso de peluche, un ramo de flores y un top hat con plumas rojas y adornado con una calavera enfrente.

Guzmán cantó un total de 18 temas, entre los últimos tres que soltó cuando los aplausos la hicieron volver al escenario.

Se despidió con Un día de suerte, Mírala, míralo y Muévanse todos/La plaga.