El derecho a las armas

Hay otros derechos constitucionales más importantes que son avasallados

Sociedad

Se trató en esta ocasión de Connecticut. El viernes 14 de diciembre de 2012 tiene una genuina marca de infamia, de tragedia sin descensos. Un nuevo tiroteo –uno de los riesgos es que nos vayamos acostumbrado a ello— con su caudal de 20 niños y 6 adultos asesinados. Y de nuevo, como no podía ser de otra forma, se prendió el debate del armamentismo en la población de Estados Unidos.

Las cifras pueden variar dependiendo de las fuentes, pero el rango oscila entre 270 y 320 millones de armas en poder de los estadounidenses, que conforman una población de casi 330 millones de personas. La cifra se acerca a la de un arma por individuo en promedio, aunque es claro que en ciertos casos, “los armados” cuentan con varias o muchas armas, casi arsenales, mientras que un importante grueso de la población se mantiene al margen de la posesión de municiones y dispositivos.

El debate nuevamente se ha activado, a partir de su permanente latencia y uno de sus principales protagonistas es —faltaba más— la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Aunque sus dirigentes vociferan con entusiasmo que son atacados drástica y continuamente, la organización con sus 4.3 millones de afiliados, continúa teniendo intacta e incluso reforzada, su fuerza de cabildeo, de influyente “lobby” tanto en la Cámara Baja como en el Senado federal.

Si se tratara de cualquier otro país desarrollado, con componentes funcionales de civilidad, ya se hubiese establecido un control de armas, por más mínimo que el mismo pudiese ser. Pero es Estados Unidos, y la defensa de la Segunda Enmienda de la Constitución se constituye en algo sagrado para la intransigencia de grupos que se benefician económicamente del armamentismo criollo.

Es de resaltar que la citada enmienda fue aprobada en el ya el lejano año de 1787 cuando los bisontes y siervos, entre otras especies, interferían con la cotidiana vida rural que en ese entonces prevalecía.

La evidencia demuestra que las condiciones de convivencia urbana se han impuesto y que no es necesario tener un rifle automático o semi-automático de asalto, disparando 134 balas por minuto, para cazar conejos.

Lo que evidentemente existe en el caso de la barbárica defensa que la NRA hace del armamentismo es un interés económico y financiero.

Aquí es donde se concretan las múltiples y por demás interesadas defensas de la Constitución. Se vocifera lo de la Enmienda Segunda, pero se callan otros casos.

Como lo ha documentado Benoit Bréville, en Le Monde, desde el comienzo de la “guerra contra el terrorismo” se “autorizó el espionaje a los ciudadanos, todos ellos; se dio vía libre al encarcelamiento sin proceso debido a supuestos terroristas e incluso se abrió la posibilidad de ejecuciones extrajudiciales a propios estadounidenses”, se puede ahora declarar guerras en las cuales no se tiene que pedir permiso para ello al Congreso norteamericano. Categóricamente, con esas medidas se transgreden la cuarta, quinta, sexta y octava enmiendas a la Constitución.

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