Maduro juramenta en accidentado acto

El presidente electo y encargado de Venezuela, Nicolás Maduro (i), saluda a sus seguidores en Caucaguita (Venezuela).
El presidente electo y encargado de Venezuela, Nicolás Maduro (i), saluda a sus seguidores en Caucaguita (Venezuela).
Foto: EFE

CARACAS — “Quiero hacer una revolución dentro de la revolución, un gobierno milagroso”. Nicolás Maduro tomó posesión ayer de la presidencia de Venezuela invocando al “comandante supremo” Hugo Chávez, por cuya “memoria eterna” juró, y atacando una vez más a la oposición.

El primer mandatario “chavista y obrero” recibió la banda presidencial gracias a 210,000 votos con los que aventaja, de momento, al candidato opositor Henrique Capriles. El país espera que la auditoría de 12,000 cajas electorales, tal y como anunció el jueves en la noche el CNE, resuelva la crisis política desatada tras las polémicas elecciones disputadas el pasado domingo. La oposición ha denunciado hasta 3,000 “tramposerías” oficialistas durante el 14-A.

Maduro se juramentó con el respaldo de una buena lista de presidentes amigos de América Latina, desde Dilma Rousseff a Cristina Kirchner pasando por Francisco Santos o Pepe Mújica. Pero el más aclamado fue, una vez más, Raúl Castro, al que se le reservó el lugar de honor. En cambio, al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad se le apartó intencionalmente de las presidentas brasileña y argentina.

La toma de posesión incluyó un buen susto, protagonizado por un hombre, ataviado con el uniforme rojo del chavismo, que se coló en la tribuna y que apartó a Maduro de un manotazo. Se trata de Yendrick Santos, habitual de ese tipo de acciones: ya lo intentó con Chávez y también se coló en un Miss Venezuela. “Falló la seguridad, me podían haber pegado un tiro”, se quejó Maduro.

Una vez recuperada el habla y el color, el líder del chavismo sin Chávez anunció que gobernará en la calle (“me voy con mi autobús y con mis ministros a recorrer el país”) y que pondrá en marcha un “cuerpo especial secreto anticorrupción”. Una vez culpó a la oposición de “guerra económica”, “sabotaje eléctrico”, “desabastecimiento provocado” y de “sabotaje a los precios”, rehuyendo así de los graves problemas económicos que afecta al país con mayores reservas de petróleo del planeta: escasez, desabastecimiento, apagones eléctricos, inflación y un mercado del dólar paralelo casi cuatro veces más alto que el precio oficial.

“Estoy dispuesto a conversar hasta con el diablo, hasta con el nuevo Carmona (presidente por dos días tras el golpe de estado contra Chávez), para que cese la intolerancia frente al pueblo”, señaló Maduro en clara alusión a Capriles y a los actos de violencia de los últimos días, varios de ellos manipulados por el gobierno.

Las dos Venezuelas recibieron al nuevo presidente como acostumbran: la oficialista llenando las inmediaciones de la Asamblea Nacional y la opositora repitiendo por quinto día consecutivo la tormenta metalizada del cacerolazo, acompañada esta vez el tema salsero de Willie Colón “Mentiras frescas”.

El acceso de Maduro al poder se producía pocas horas después de que el árbitro electoral decidiera la auditoría del 46% de las urnas que faltaban, una decisión alcanzada después de nueve horas de reunión y que se anunció al país casi a la medianoche.

“En esas 12,000 cajas está la verdad”, anunció Henrique Capriles a sus seguidores. El líder opositor aceptó la ampliación de la auditoría ciudadana decidida por el Consejo Nacional Electoral, que “nos permitirá verificar la huella, las papeletas, actas y los cuadernos electorales”.