Estar en Star Trek

Estar en Star Trek
Star Trek tendrá inexcusablemente que reclutar a hablantes de español, aunque solo sea porque habrá cocinas en las naves y servicio de mantenimiento.
Foto: EFE / Paramount Pictures

La cresta de la lengua

La última entrega de Star Trek deja un sinsabor a todo interesado por el devenir del hispano en Estados Unidos. Los que proyectan el presente de un futuro lejano no le hallan espacio al latino. El componente étnico de la tripulación del Enterprise no deja lugar a dudas. Entre las minorías solo vemos africanos, asiáticos, y alienígenas. Hasta los rusos tienen cabida.

La revisión de la contribución hispana al proyecto Star Trek, incluyendo series (726 episodios) y películas (12), nos informa cumplidamente de nuestro futuro espacial. Hay relato somero un mexicoamericano que hace de “apache”: Chacotay. Es Robert Beltrán, de Bakersfield, California. Rebuscando, y mucho, aparece la angelina teniente B’Elanna Torres (Star Trek Voyager). Es híbrido “klingo-terráqueo” protagonizado por Roxann Dawson, nacida Caballero. Nada hay de qué enorgullecerse. Se documenta que su latino padre de ficción la abandonó de pequeña, lo que a la postre propicia su odio por los humanos. La actriz Zoe Yadira Saldaña Nazario, de madre dominicana y padre boricua, no consta como hispana, pero ¿no lo es? Intrascendente es que el mexicano Ricardo Montalbán, que da vida a Khan Noonien Singh, trabajara en la serie ya en 1967; y posteriormente, en 1982, en Star Trek II: La ira de Khan. ¿Un sij latino? Personaje escuálido es la capitana de la Columbia NX02 Erika Hernández. Está encarnado por la también angelina Ada Maris, de nacimiento Marientes. Otros vestigios: Carlos Carranza, Ayala y un tal Bendera que podría ser Bandera. Paupérrimo balance interestelar.

En Star Trek el fenómeno de los idiomas también cuenta. El personaje Chejov nos lo acredita con su marcado acento ruso. Lo que del hispano se promocione en las estrellas puede ir en esa dirección; démosle un vistazo al asunto en clave de humor humano.

Star Trek tendrá inexcusablemente que reclutar a hablantes de español, aunque solo sea porque habrá cocinas en las naves y servicio de mantenimiento. Otra cosa es que los saquen en cámara. Tampoco se nos pasa por la cabeza que no haya alguien a quien no se le escape la ocurrencia de “no problemo”: como en Terminator. O que cuando no sepa qué palabra decir en klingonita le añada una “o” final al inglés para conseguir el toque alien. Esperamos oír frases de esta hechura: Planet-o war-o no-o aunque a nosotros nos suene a ‘planeto guarro no’.

Sabemos positivamente que no se nos va a confundir con Spock, pues es esencialmente inteligente, y de acuerdo con la tesis doctoral de Harvard “IQ and Inmigration Policy” (Richwine 2009) los latinos tenemos un IQ un 10% más bajo que el promedio de la población. Se dice también que, a diferencia de lo que ocurre con otros grupos, tras sucesivas generaciones, no mejoramos el IQ. Esto debería ser aprovechable en viajes estelares de largo recorrido, pues alguien tendrá que hacer lo que nadie más quiere. Por ejemplo, nunca he visto en Star Trek sacarle brillo al piso.

Para mejorar nuestra situación, podríamos aprovechar y pedir por ley recibir un diezmo menos de todo lo que pudiera correspondernos si no fuéramos latinos, con ello ya iríamos bien servidos. Otra solución con futuro sería la de convocar al coautor y productor de Star Trek (2008, 2012), el mexicoamericano Roberto Gastón Orci, un latino que nos faltaba, y pedirle que conciba las nuevas aventuras en un planeta latino. Nadie duda de que hay un viaje latino a las estrellas pendiente de quien lo escriba.

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