De Roma A Río de Janeiro

Roma desde hace varios milenios se ha considerado la CaputMundi, la Cabeza del Mundo. En varios aspectos sigue siéndolo. Para muchos católicos es la ciudad desde donde se rigensus vidas. El Obispo de Roma en los próximos días se va a reunir con cerca de dos millones de jóvenes que van a tener su Woodstock espiritual. Para ello va a ir a donde lo fueron a buscar, casi al fin del mundo.

Estos encuentros no son nuevos. En el lejano 1975 Pablo VI convocó a jóvenes de toda la Iglesia para participar en la Marcha Internacional de la Reconciliación Cristiana. En 1984 el Cardenal Pironio, siguiendo pautas marcadas por Juan Pablo II en el Año de la Redención, convocó en Roma a jóvenes provenientes de todas partes. Y en 1986, en la misma Roma se llevó a cabo la Primera Jornada Mundial de Jóvenes. Desde entonces han sido veintisiete las veces que los jóvenes, convocados por el Papa, se han reunido en diversas ciudades. Manila, con cinco millones de participantes ha sido la más numerosa.

En los próximos días se llevará a cabo el Vigésimo Octavo Encuentro de Jóvenes en la ciudad de Río de Janeiro. Lo convocó un Papa y lo preside otro. Se diseñó desde Europa, pero se va a vivir y actuar en América, el continente de la Esperanza, como lo definiera Pablo VI. Benedicto XVI dejó escrito para este Encuentro: “La Iglesia cuenta con ustedes. Son los primeros misioneros entre los jóvenes, son los que van a recoger la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Son los que van a formar la sociedad de mañana”

La iglesia que se va a encontrar Francisco es una iglesia que no ha perdido su frescura original. Nació hace medio milenio con la intención de ser misionera, profética y servidora. Pronto llenó el continente de universidades, escuelas, hospitales, templos, ciudades nuevas. Ese espíritu sigue vivo y con nuevos retos. Y con las fuerzas vivas que son el futuro de esta Iglesia Francisco se va a reunir. Se va a encontrar con una juventud que no tiene reparos en salir a la calle a exigir el respeto a la dignidad de la persona. Una juventud que protesta porque ve que es más importante el construir estadios de futbol que viviendas dignas. Que protesta porque se van a gastar millones en preparar y organizar la visita de Francisco. Que se siente heredera de aquellos jóvenes que, en el lejano 1968, exigían lo imposible.

Francisco presentará un cristianismo liberador de todo aquello que impide vivir con dignidad. Pero además de presentar un mensaje de vida y esperanza, va a retar a los jóvenes para que sean testigos y seguidores de un judío marginal, quien sintió la mordida de la pobreza, el exilio, la incomprensión, la muerte violenta por no prestarse a manipulaciones y acomodos. El mensaje es tan sencillo, y tan revolucionario, que simplemente consiste en respetar y acoger al que tiene hambre, es emigrante, marginado, no cuenta para las autoridades, no tiene donde caerse muerto. El otro mundo, el que fabrica autopistas, estadios de futbol, destruye favelas, contamina la naturaleza, no ve con agrado a Francisco y sus muchachos. Son peligrosos y capaces de cambiar la historia.