El jardín de las delicias

El jardín de las delicias
Annie Novak y Daniel Alvarez, junto a algunos de los estudiantes a los que enseñan a amar la agricultura.
Foto: Especial para EDLPSilvina Sterin Pensel

¿Has visto? aún con este calor infernal, están todos aquí. Eso te habla de su responsabilidad con la tarea; ellos saben lo importante que es”. Complacido, Daniel Alvarez echa una mirada a sus estudiantes que, hincados sobre la tierra, la liberan de yuyos y hierba salvaje. Con sus pequeñas manos, Josh, 8, tironea de unas plantas verdes ubicadas peligrosamente cerca de unos pimientos. Pueden dañarlos, porque les dan sombra y además les roban nutrientes que necesitan”.

En una parcela cercana, otros niños espían entre tallos y bulbos hasta dar con lo que buscan. Ahí, ahí, los veo. Están grandes”, exclama exaltado Michael, señalando, unos pepinos. Sin esperar más instrucciones los arranca y los mete en su bolsa.

Cosechar es lo que más les gusta”, explica Daniel, un puertorriqueño que hace dos décadas es instructor del Children´s Gardening Program, la división educativa para familias y niños del New York Botanical Garden en el Bronx, donde pequeños de 3 a 12 años aprenden las maravillas y los secretos de la jardinería y la agricultura. Lo que ocurre aquí en nuestro jardín es fabuloso y poco común”, comenta Ann Novak, la joven Directora del Programa. Los chicos de ciudad no tienen muchas oportunidades de pasar dos horas y media completas en contacto con la naturaleza. Aquí, se olvidan de los videojuegos, del Ipad y del teléfono”.

Durante las clases aprenden a preparar el terreno, a medirlo para establecer las parcelas, –cada agricultor tiene la suya propia con un cartelito con su nombre–, a sembrar y a cultivar. Una vez cosechados, los pequeños agricultores, ponen los vegetales y frutas a prueba, literalmente, y cocinan deliciosos platos.

Una mañana reciente en la que el termómetro marcaba más de 100 grados, las jarras de jugo helado de granada, piña y lima pasaban de mano en mano, y los niños untaban panes con pesto recién hecho usando una de las 8 variedades de albahaca que crece en el jardín. Al principio algunos no se animan a probar ciertos vegetales pero a medida que van trabajando y son ellos los que plantan y cuidan los cultivos eso va cambiando y es increíble ver la transformación”, apunta Annie, como la llaman todos.

El tema del día, siempre hay uno, son los insectos. Lupa en mano, Alex, Max y Javier observan bien de cerca unas plantas de acelga. ¿Pueden encontrar señales de que haya alguna peste?, pregunta Kimberly, otra de las instructoras, mientras acomoda el ancha ala de su sombrero de paja en un intento por guarecerse del implacable sol.

Los niños apuntan a unos agujeritos y de inmediato, cual ecológica versión de Sherlock Holmes, se lanzan a la tarea de hallar al culpable. ¿Será el escarabajo japonés? ¿Será ese grillo que se mimetiza con las hojas? ¿O una oruga antes de convertirse en mariposa y cambiar su oficio por el de polinizadora?

Tres veces por semana, llega en su bicicleta, bien temprano a este mismo jardín donde su padre, oriundo de Cabo Rojo, Puerto Rico, también trabajó. Somos tres generaciones que pasamos por este lugar: mi papá, yo y mis tres hijos varones”.

Esa constancia hace que Daniel, 50, sea uno de los instructores más veteranos del lugar, al que todos miran con respeto. Llama a todos por sus nombres y mientras los señala anuncia: Alumna mía tres temporadas, voluntario y ayudante mío por dos años, la madre de esos niños de allí, alumna mía también”.

De cada cual tiene algo para acotar y mientras los ayuda a guardar en sus mochilas lo cosechado: Cilantro, tomates y más pepinos, asegura estar convencido de que una experiencia como esta en la niñez se queda con uno de por vida. Si pones de ti, la tierra te devuelve”.

Para más información: (718) 817-8181