Quien quiere, debe dar

Quien quiere, debe dar
Varias cruces y fotografías de indocumentados que murieron en los últimos tres años en la frontera colocadas en una playa de Tijuana, México.
Foto: Archivo / EFE

Burbujas

Tuve la oportunidad de sostener una larga e interesante conversación con uno de los “sheriffs” del área de Houston, a quien prometí no mencionar por nombre, pero llamaré Tom. Hablamos de los problemas de la frontera y claro, también de los indocumentados en Texas.

Tom tiene una seria preocupación por la forma en que los legisladores en Washington pretenden solucionar problemas en una frontera que según él, ni conocen.

El cree que ninguno de los legisladores en Washington ha recorrido la frontera. Han venido, dice, a visitar algún lugar en esas dos mil millas, han entrevistado a políticos locales de su partido, y tratan los problemas que hay, como todo en Washington, con criterio partidista que predomina sobre la razón.

No están conscientes los legisladores que la franja fronteriza tiene vida propia, que hay varias ciudades hermanas, en que millones de personas viven del intercambio comercial y social, que todo eso crea empleos, y que hay miles de familias cuyos miembros viven indistintamente en uno u otro lado de la frontera; ellos son una especie de ciudadanos internacionales que racial y culturalmente son iguales.

Por mi parte mencioné el daño ecológico que el muro puede causar; comentario que paso de noche… ninguna reacción del “sheriff”. Al parecer el problema ecológico no esta en su radar.

Vuelta a Tom: La frontera de Texas con México es el Río Grande (Río Bravo para los mexicanos), a veces violento, otras con corriente mansa. Por más de un siglo ha sido el paso de inmigrantes (“wet backs” o espaldas mojadas), cuyos descendientes son ahora ciudadanos.

Desde entonces y hasta ahora, ha sido difícil, casi imposible, evitar los cruces; pero antes no había la violencia de hoy que complica la vida de los habitantes fronterizos. Fuera de la mariguana se traficaba poco con otras drogas y la parte sur de Tejas era el paraíso de vacacionistas de Tamaulipas.

Continúa Tom: A lo largo de esa frontera-río no se puede construir un muro para evitar el cruce de personas y de contrabandos, entre ellos el de las drogas, porque, entre otras cosas, se impediría el acceso al agua de los texanos y su ganado.

Debe entenderse que hay dos tipos de frontera, la terrestre en California, Arizona y Nuevo México, y la del río en Texas. A lo largo de toda esa extensión existen grandes ciudades pero también enormes tramos casi deshabitados.

Hablan los políticos de incrementar la patrulla fronteriza con miles de agentes nuevos. Pregunta Tom: ¿Dónde los van a estacionar y alojar? ¿En lugares a cientos de millas de donde deben vigilar?

Me cuenta Tom que los “sheriffs” decidieron pedir que se les reforzara con personal adicional para apoyar a la patrulla fronteriza más personal ni despliegues que aparentan un ejercito en guerra.

Y claro, nuestra conversación derivó a los indocumentados, de los que Texas tiene muchos, igual o más que California.

Tom esta en contra de una reforma que incluya a todos los indocumentados porque piensa que si bien muchos merecen ser legalizados, otros no.

A mis preguntas me contó que Texas es favorable a los latinos y una muestra es el gran apoyo que da al futbol soccer, deporte no americano. En Houston se construyó un bello estadio, y tanto aquí como en Dallas, existe una gran afición.

Cuando se dan juegos internacionales con la presencia de algún equipo mexicano o de la selección, los aficionados acuden en masa, y según dice Tom, el comportamiento de cierta parte del público es inaceptable, pintarrajean los muros con insultos y dibujos obscenos, muchos se orinan en las paredes y dejan todo en un estado de mugre que da rabia (a mi me da vergüenza). Dice Tom que él ha intervenido para llamarles la atención y que casi nadie le entendió al hablarles en ingles; él esta seguro que son indocumentados.

Esas gentes, dice Tom, se olvidan que son indocumentados que están pidiendo una residencia permanente. Si fuera por mi, a los que se portan así y ni siquiera se han tomado la molestia de aprender inglés, no se las daría. Esos que exhiben su falta de educación y su amor al desorden, ponen en riesgo el prestigio de la comunidad latina cuya reputación merece respeto.

Tom continua comentando que la gente crítica a la patrulla fronteriza y a los policías. Es cierto que ocasionalmente hay abusos, pero, como en el caso de Arizona, por cada queja, hay cientos salvados de morir en sus desiertos, y esos que critican, nunca aplauden, según Tom, los esfuerzos para rescatarlo.

Me despedí de Tom muerto de vergüenza, y por qué negarlo, con rabia, porque a pesar de que muchos que escribimos hemos insistido por años en la necesidad de aprender inglés y de un comportamiento civilizado, me encuentro con que a algunos indocumentados no les importa y están complicando el tema de la legalización.

Ojalá que algún día aprendamos que si queremos algo, tenemos que dar algo, y que si exigimos un buen trato, es obligación actuar en forma civilizada.