Crisis de identidad de mexicanos en EEUU

Alfredo Corchado ha escrito una obra de arte, “Midnight in Mexico”. Mediante estas páginas, uno se entera de la historia del tráfico de drogas en México, obtiene valiosas y agudas observaciones de un reportero que cubrió a cuatro presidentes mexicanos. A la misma vez explora la crisis de identidad de los mexicanos-americanos, que son mexicanos en Estados Unidos, pero estadounidenses en México.

Corchado es tan hábil en desenterrar esas verdades inconvenientes sobre la guerra contra la droga en México, que había temor de que terminara, como él escribió, “con una bala en mi cabeza”.

“Midnight in Mexico” relata, primordialmente, la discusión de un hijo con su madre, quien lo sacó de México de niño, junto con sus hermanos, después de que una hermana falleciera en un trágico accidente. Antes de irse de su país de origen a los Estados Unidos, la madre llevó a sus hijos a una purificación espiritual, para deshacerse de los que ella consideraba como la esencia dañina de México.

Se suponía que Corchado no debía volver. Su madre le rogó que no lo hiciera. Sin embargo, lo hizo. Y en nuestra cultura, desobedecer a la madre sólo le trae a uno problemas.

Ahora, como director de la oficina del Morning News en México, Corchado tiene un billete de primera fila para ver un país que se está renovando todos los días —para bien y para mal.

Hablando de mexicanos-americanos, le pregunté si ser uno de ellos es una ventaja o desventaja para cubrir México.

“Al principio, era más bien una desventaja,” dijo. “Echo la culpa a los mexicanos, especialmente en la elite, la clase privilegiada. Una vez que empiezas a hablar en español, te miran como que eres menos que ellos. Pero también yo tengo la culpa. Fui a México con un idealismo norteamericano, pero también con una imagen romantizada de México. Y después te das cuenta de que a esta gente, yo le importo un comino. No quieren admitir que has logrado algo en la vida, porque temen que se lo refriegues por la nariz y digas algo como: “Mi madre tuvo que sacarme de aquí para que me convirtiera en alguien.

Pero en años recientes, ser mexicano-americano ha sido una ventaja. Habla bien de los mexicanos que están abandonando su nacionalismo. Lentamente están aceptando el hecho de que hay 35 millones de estadounidenses de ascendencia mexicana (en Estados Unidos)”. Mientras tanto, Corchado también ha aceptado algo: la verdad.

“Cuando vine a México por primera vez”, recordó, “prometí, realmente, a mis padres que no cubriría el narcotráfico. Se podía perder la vida tratando de contar esas historias. Es por eso que, durante mucho tiempo, no les dije lo que estaba haciendo, porque no quería admitir que quizás ellos tenían razón y yo no. Había un motivo por el que mi madre pensó que era necesario huir a los Estados Unidos y encontrar otro lugar para vivir”.

Con el tiempo, viene la perspectiva.

“Una gran parte del libro es realmente este debate entre madre e hijo, y quién tiene y quién no tiene razón. Sólo en los últimos meses he tenido largas conversaciones con mi Mamá y mi Papá, y lamento tener que admitir que estaban en lo correcto con respecto a México”.

Entonces, al final, pregunté a mi amigo con respecto a la pregunta de qué país ofrecía más oportunidades para la familia Corchado, quién gana la discusión, ¿madre o hijo?.

Me respondió sin titubeos: “Mi madre gana con toda facilidad”.

No te sientas mal, amigo. Cuanto más viejos nos volvemos, más cuenta nos damos de que eso es lo que generalmente sucede.

© 2013, The Washington Post Writers Group