Enseñanzas de las primarias NYC 2013

Enseñanzas de las primarias NYC 2013
La segunda vuelta del primero de octubre será para decidir la nominación a la Procuraduría del Pueblo, así como para la alcaldía.
Foto: Suministrada

Pudiera ser que las recientes primarias pasen a ser transcendentales, por lo menos en la ciudad y estado de Nueva York. Después de todo, el sólido modelo construido décadas atrás en cuanto a cómo manejar las campañas políticas en esta área, pudiera considerarse desplomado por los resultados de las Primarias 2013.

Mucho antes de graduarme de la universidad con un bachillerato en Ciencia Política en el 1989, los profesores y los expertos en la historia de la política y de las campañas neoyorquinas, podían fácilmente anticipar la cantidad de electores que saldrían a votar en las primarias y cuántos de ellos votarían por cada candidato basado en la identidad étnica.

Años después se le añadirían dos otros elementos a esta vieja fórmula. Primero, el género con la campaña de Hillary Rodham Clinton para el Senado. Y luego, con contiendas en algunos distritos locales, el factor gay también llegó a formar parte de la ecuación.

Los votantes LGBT se supone que voten por un candidato gay si hay uno en la contienda, y las mujeres por una mujer sin hay una. De la igual forma que un afroamericano, un latino, un italiano o un judío vota por el candidato de su propio grupo. Este ha sido el secreto peor guardado de la política neoyorquina. Es una política que permite a los candidatos organizar sus campañas en torno a los grupos que le apoyarán por pertenecer a su misma raza o por ser el candidato que más se aproxima o simpatiza con el grupo al cual pertenece el votante.

Pero, ¿podremos seguir confiando en esta fórmula en elecciones venideras? Los resultados de las primarias que acabamos de tener en Nueva York demuestran que la fórmula ya no es tal.

A pesar de la variedad de candidatos y de que por lo controversial de la candidatura de Anthony Weiner y de Eliot Spitzer, por la primacía de Christine Quinn y los alegados problemas de John Liu, las primarias recibieron gran publicidad, y poca participación. Generar entusiasmo con la publicidad, gastar dinero en promoción y el buen tiempo siempre han garantizado muchos votantes en las urnas. Pero, no en el 2013.

Los afroamericanos se dividieron y la mayoría no votó por el afroamericano Bill Thompson. Las mujeres y los gays igualmente dividieron sus votos y no otorgaron a Quinn la mayoría como se anticipaba. Del lado republicano también hubo resultados impredecibles. En Staten Island, donde viven la mayoría de los republicanos de ascendencia italiana, votaron en su mayoría por Catsimatidis, el perdedor de la primaria republicana y no por Lhota, el italiano afiliado con la administración de Giuliani.

Quizás el 2013 sea el año donde la política neoyorquina trascendió igual como vimos trascender las elecciones nacionales, cuando las mujeres se fueron con Obama en vez de Hillary porque tenían otros intereses superiores a los asuntos de género. Es posible que los votantes en nuestra Ciudad tengan intereses que sobrepasan su identidad.

Asuntos como el comportamiento de la policía con las minorías, el aumento simultáneo de la riqueza y pobreza en Nueva York que resulta en los dos mundos en que vivimos o el problema de la baja educación de nuestros niños a quienes nuestras escuelas públicas no preparan para competir en la sociedad mundial.

Sea drástico o parcial el efecto de las primarias del 2013, estas serán obligatoriamente analizadas por largo tiempo, y por lo tanto ya son indiscutiblemente unas primarias importantes en el presente y futuro político de Nueva York. La pregunta es si, ¿la desaparición de la política de identidad en Nueva York justo cuando nuestra influencia como grupo étnico se empieza a sentir nos beneficia o perjudica como Latinos?