México vota afuera

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México vota afuera
Francisco Javier Guerrero Aguirre, consejero del Instituto Federal Electoral de México (IFE).
Foto: Cortesía del Consulado de México en Los Ángeles

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Desde su implementación, hace ya siete años, el voto de los mexicanos en el exterior ha sido motivo de toda clase de burlas debido a su enorme costo y a la bajísima participación que ha tenido.

En las elecciones de 2006, el Gobierno mexicano invirtió $269 millones de dólares y solo se recibieron 57,749 solicitudes que se tradujeron en 32 mil votos.

Seis años después, las cifras de participación cambiaron poco. Se gastaron $209 millones de dólares, se recibieron 59,115 solicitudes y solamente 40,737 sufragios.

Detrás de este estruendoso fracaso hay varias razones.

La más evidente, como lo han reconocido ya los expertos en el tema, es que uno de los requisitos para votar es tener una credencial de elector actualizada y este documento, del que millones carecen, resulta difícil de obtener porque solo se tramita en México.

Otro gran obstáculo es que la ley nada más contempla que el voto se emita por correo certificado, lo que en muchos casos es complicado.

Por fortuna, el asunto no se ha dejado a la deriva. Gracias en gran medida a las críticas y a la enorme presión ejercida por las asociaciones de mexicanos en el exterior, se creó recientemente un grupo interdisciplinario dedicado a explorar posibles soluciones.

Una de las integrantes es Leticia Calderón, profesora del Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, quien hace unos días nos ofreció un panorama bastante prometedor sobre el trabajo que hizo ese grupo, en el marco del Diplomado sobre Migración y Gobernanza que imparte el CIDE en varias ciudades, entre ellas Los Ángeles.

De acuerdo con Calderón, el grupo —que ya terminó su diagnóstico— propuso un modelo que contempla la eliminación del voto postal y recomienda el voto por Internet con los candados necesarios para evitar que sea hackeado o manipulado.

Bajo este nuevo modelo también sería posible tramitar la credencial de elector a través de Internet, lo cual eliminaría uno de los mayores obstáculos para que los mexicanos voten desde el extranjero. Otra de las grandes ventajas es que, de entrada, se reducirían los costos en un 30%.

El modelo considera también que los candidatos se acerquen a las comunidades que viven en el exterior y que haya mayor información sobre el proceso electoral. La pelota está ahora en la cancha del Congreso que debe discutir la propuesta de este grupo.

Aunque todavía es prematuro echar a volar las campanas, Calderón nos dijo que la mayoría de los legisladores ve con buenos ojos el modelo propuesto. En mi opinión, esto resulta entendible porque a estas alturas ningún legislador querrá pagar el costo político que le causaría oponerse a los cambios necesarios para facilitar el voto desde el exterior.

De ser así, los mexicanos que vivimos en el extranjero podríamos finalmente ejercer el derecho a votar sin los candados y trabas que, por falsos temores y argumentos sin base, nos impusieron en la ley de 2005.