Las elecciones de Honduras
Las elecciones el pasado domingo en Honduras representan un paso importante en la vida democrática del país.
Como los eventos de los últimos años en Honduras dejaron claro, el sistema tradicional bipartidista había dejado de funcionar y no hacia lo que un sistema político necesita hacer para tener una democracia vibrante sobre todo, representar, de manera eficaz, a las aspiraciones de todos los sectores de la sociedad de un país.
Que la candidata de un partido nuevo obtuvo el segundo puesto en las elecciones presidenciales es un logro importante que hace lucir a una dinámica política diferente. Y ojala una dinámica que funcione mejor para representar a los intereses de todos los hondureños dentro y fuera de Honduras frente a los complejos retos del país.
El logro de las elecciones en si va más allá de su resultado. La invitación de todos los sectores a observadores domésticos e internacionales a observar el proceso electoral es algo que se debe celebrar.
Es importante que estos grupos pudieron hacer cuentos rápidos de la votación utilizando técnicas que han sido claves en otros momentos importantes en el desarrollo democrático en las Américas como en el plebiscito donde el “no” acabó con la dictadura de Pinochet en Chile y que llegaron a la misma conclusión que el proceso oficial del Tribuno Supremo Electoral.
Que esos grupos observaron un proceso percibido como transparente y libre y por eso legítimo, debe funcionar como un ejemplo para todos los vecinos de Honduras y los otros países en las Américas. El valor de esa observación y su importancia para la legitimidad internacional ya se ha visto con las llamadas de felicitaciones hechas al Presidente-electo Hernández por gobiernos tan diversos ideológicamente como los de Nicaragua, Colombia, España y la Unión Europea.
A la vez, el resultado donde más del 60% votaron por candidatos que no ganaron también deja claro que gobernar democráticamente requiere más que ganar una elección democrática.
El Presidente-electo tiene frente él un reto importante como gobernar en el interés de todos los hondureños y no solamente para los que le votaron. Algo que puede ayudar en ese proceso si lo maneja bien es algo que, visto de otra perspectiva, podría ser un reto para la gobernabilidad del país el resultado en las urnas que dejó al congreso nacional sin mayoría.
Una política conciliatoria que reconoce la necesidad de forjar unidad nacional en un momento de división política empecerá con la relación entre el nuevo presidente y la institución de la cual viene.
En la búsqueda de unidad nacional, el comportamiento de los que no ganaron también será clave. Rechazar un proceso simplemente porque no llegó al resultado que querían no ayudará al desarrollo democrático.
Finalmente, con o sin controversia alrededor de las elecciones, no se puede olvidar que los problemas que enfrenta Honduras no se solucionaron en las urnas. Sus retos son gigantescos y complejos.