La reforma migratoria de nuevo

La reforma migratoria de nuevo
La reforma migratoria otra vez en el tapete.
Foto: archivo

La semana pasada el Partido Republicano publicó una lista de principios para una reforma migratoria que para ellos sería aceptable, señalando una voluntad política dentro del partido –aunque no un consenso– para negociar un acuerdo con los Demócratas.

Aprecio la voluntad. No habrá reforma sin apoyo de ambos partidos.

Pero me molesta la posición republicana. En primer lugar, ya existe una propuesta que tiene el apoyo de mayorías en ambas cámaras del Congreso. No se ha convertido en ley porque los republicanos en la Cámara de Representantes no han permitido un voto.

Una minoría republicana se opone a cualquier reforma que no incluye un cierre completo de la frontera con México, ignorando la imposibilidad de una frontera sellada y los esfuerzos del presidente Barack Obama al respecto. Es una posición que sirve un solo objetivo – de bloquear cualquier reforma.

Otros republicanos, y quizás una mayoría, entienden la necesidad de una reforma, y aprecian el peligro electoral que corren si no encuentran como atraer al voto hispano.

Pero estos republicanos solamente quieren una reforma diseñada para atraer inmigrantes con buenas calificaciones. El inmigrante que quiere conseguir la ciudadanía debería ser un ingeniero o un científico, no un mesero o un jardinero.

Es una lógica que suena razonable. En este país hay escasez de científicos e ingenieros. Inmigrantes con estas calificaciones encontrarían empleo, ganarían un buen sueldo, pagarían más impuestos y no dependerían de los servicios públicos. Se incorporarían en la sociedad americana con más facilidad.

Pero es una lógica irónica, porque viene del partido que gasta tanto tiempo criticando a las políticas progresistas como una ingeniería social nefasta.

Insisten que el gobierno no debería jugar un papel en la construcción de la sociedad –por ejemplo, en defendiendo la política del tratamiento preferencial en las universidades– porque para eso nos limitaría la libertad personal.

Si el tratamiento preferencial es inaceptable en las universidades, ¿por qué merece ser parte del sistema migratorio?.