Grietas en el chavismo por represión en Venezuela

Las críticas del oficialista gobernador de Táchira, José Vielma Mora, son otra muestra de que el Gobierno de Nicolás Maduro se debilita
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Grietas en el chavismo por represión en Venezuela
La orden de Nicolás Maduro, la semana pasada, para militarizar Táchira reavivó las protestas en el país.
Foto: Archivo / Getty Images

CARACAS – “Estoy en contra de la represión.” Nicolás Maduro sufrió ayer el primer desplante público de un dirigente oficialista, gobernador militar de Táchira y uno de los hombres que acompañaron a Hugo Chávez en el golpe de Estado de 1992. Un chavista de pura raza y muy poderoso.

Las palabras de José Vielma Mora, unidas a las protestas y a los muertos de las últimas horas, golpearon duramente la línea de flotación del chavismo. Maduro sufre una debilidad institucional similar a la de abril del año pasado, cuando después de ganar las elecciones por un margen estrecho fue acusado de fraude.

“Me molesté mucho con el sobrevuelo de aviones militares en Táchira; fue un exceso inaceptable”, sorprendió Vielma durante una entrevista por radio, en la que también pidió liberar a los presos políticos.

Maduro ordenó la semana pasada la militarización de ese estado fronterizo con Colombia, levantado en protestas contra Miraflores. Incluso amenazó con enviar los tanques y declarar el estado de excepción.

Sus ciudadanos contestaron con un gigantesco cacerolazo a los sobrevuelos intimidatorios de los cazas de guerra enviados por Maduro. Desde hace una semana las barricadas han tomado la capital, San Cristóbal. Los comercios apenas funcionan.

La Guardia Nacional abusa tanto de la fuerza que ayer provocó la muerte de Jimmy Vargas, de 34 años, que protestaba desde la terraza de un segundo piso. Un guardia le disparó un perdigonazo que le impactó en la cara y lo precipitó al vacío.

De rodillas, inconsolable, Carmen González, madre del muerto, arremetió contra el presidente: “Maduro y su entorno me lo mataron. Ellos están matando a Venezuela. Mi hijo murió como un héroe, luchando por la libertad de su país. No me den el pésame, ¡agarren fuerzas para seguir luchando!”. Más tarde cubrió el cadáver con una bandera de Venezuela. Otros dos opositores murieron a manos de la Guardia Nacional (Caracas) y de grupos oficialistas (Aragua).

Cualquier protesta estudiantil debe ser atendida, ellos tienen el derecho a protestar”, se disculpó el gobernador chavista, que se dirigió directo al corazón de los opositores: “No estoy de acuerdo con mantener presos a [Iván] Simonovis y a Leopoldo López“, dijo, en relación con un excomisario preso por su supuesta participación en el golpe de 2002 y con uno de los líderes de la oposición que fue detenido la semana pasada.

“Es innecesario, contraproducente, un estado de excepción especial para Táchira”, insistió el gobernador del estado donde se originaron las protestas estudiantiles que luego se extenderían a todo el país.

Acostumbrados a las respuestas estrepitosas, la dirección nacional del PSUV eligió en esta ocasión la templanza. Por el momento. “Llamaremos a Vielma para que nos dé el sustento de sus señalamientos”, señaló el canciller Elías Jaua. Con esa tibieza el oficialismo pareció intentar evitar caldear los ánimos en un momento en que el ambiente vuelve a recalentarse: las barricadas y los piquetes se multiplican por todo el país, especialmente en el este de Caracas.

Pero las palabras de Vielma, que pese a todo mostró su apoyo “irrestricto” a la revolución bolivariana, fueron una auténtica bomba política. “¿Se desmarca Vielma de la línea de represión militar que adelanta el general Rodríguez Torres [ministro de Interior] en Táchira?”, se preguntó Rocío San Miguel, presidenta de Control Ciudadano y conocedora de los entresijos en las fuerzas armadas.

Precisamente este general, que ayer ensayó un baile de salsa con la mujer de Nicolás Maduro durante una reunión con motociclistas revolucionarios en Miraflores, está en el ojo del huracán mediático tras comprobarse que dos de sus colaboradores de la inteligencia militar, un escolta y un asistente, dispararon contra los jóvenes tras la marcha del 12 de febrero en el mismo lugar donde cayó asesinado Bassil Dacosta.

Así lo revelan y confirman documentos audiovisuales aportados por medios locales. Tan contundentes son que pese al apagón informativo impuesto por el gobierno el propio Maduro reconoció la implicación de los agentes y se preguntó si sectores de su Gobierno conspiran contra él. “Lo estoy investigando”, explicó.

Maduro aireaba así su debilidad institucional. “Es muy posible que veamos una agenda en la cual comienza a voltearse mucha gente, los alineados con el ala militar. El ambiente que se está creando es que la renuncia de Maduro será un clamor dentro de poco”, apostó el politólogo Gustavo Rojas.

¿Y Nicolás Maduro? El presidente dijo que sus colaboradores ultimaban la presentación ante la opinión pública de “un mercenario traído del Medio Oriente”.

“Estaban preparando colocar carros bomba para llenar el país de violencia y tratar de llevarnos a una locura como Libia o Siria“, dijo. El Gobierno no ha aportado anteriormente ninguna prueba sólida pese a denunciar, una y otra vez, la gestación de atentados, magnicidios o conspiraciones.

Ayer, el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, le pidió a Maduro que busque “un diálogo con el pueblo venezolano” y deje de hacer “falsas acusaciones” contra Estados Unidos y otros países extranjeros.

“Yo no voy a ir a lavarle la cara a Maduro cuando está reprimiendo”, anunció a última hora Henrique Capriles, invitado a participar ayer a un consejo federal en Miraflores. “Nicolás, eres un error en la historia y nosotros tenemos que salir de ese error”, sentenció.