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La votación manda al diálogo porque ni el FMLN ni ARENA pueden reclamar ser la primera fuerza política

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Miembros del TSE, cuando iniciaban el recuento de votos al final de la jornada de elecciones presidenciales en días pasados.
Foto: EFE

El Salvador

El momento es tentador para que El Salvador se empantane en un debate estéril sobre “si gané o perdí las elecciones por pocos votos”. Los partidos fueron a la contienda con reglas e instancias definidas con anterioridad que señalan cuándo, dónde y cómo reclamar si hubiese inconformidades en los comicios.

A estas alturas del proceso electoral, pretender cambiar las reglas es percibido como una conducta antidemocrática, simplemente inadmisible, la cual solo será contraproducente para el país y mayormente para quienes la promueven. Cada vez es menor el número de aquellos que alegan fraude. La serenidad y la razón vuelven gradualmente a su nivel aislando a los inconformes. Los quejosos, además, están perdiendo valioso tiempo y concentración para el próximo desafío electoral.

Un verdadero demócrata hace lo pertinente en este caso: felicitar públicamente por su victoria a Salvador Sánchez Cerén (SSC) y Oscar Ortiz. El aferrarse a una actitud rebelde sin asidero legal solo opera en contra de quien insista en ello.

Al ganar la presidencia de su país, SSC hace historia en varios puntos: a sus casi 70 años es la persona de mayor edad que recibirá la primera magistratura. Es el primer militante de la izquierda radical que alcanza el poder a través del voto. Es el primer combatiente que ha sido máximo comandante en las filas guerrilleras del FMLN y que ahora será Comandante General de las Fuerzas Armadas, acá merece detenerse un instante para reconocer el profesionalismo y evolución democrática de los militares salvadoreños, reflejado al aceptar sin aspavientos la voluntad popular expresada en las urnas y subordinarse sin deliberar a quien resultó ganador. También SSC históricamente es el presidente con más votos a favor y a su vez con más votos en contra. Asimismo, es el candidato que gana democráticamente la presidencia con el más estrecho margen de la historia.

Los salvadoreños no desconocen el pasado de SSC, un maestro de profesión, convertido en guerrillero quien ha forjado su carácter en el campo de la guerra y la clandestinidad. Sin duda es alguien acostumbrado a vivir situaciones difíciles y a tomar decisiones duras para superarlas. Su trayectoriaes alabada por unos y condenada por otros. Ahora ya como presidente electo, esa discusión retórica es extemporánea, solo basta tener en mente que nadie puede cambiar su pasado pero sí puede cambiar su futuro, ejemplos abundan en la historia reciente.

Por el bien del país es deseable que al nuevo presidente le vaya bien en su difícil Gobierno que le espera. SSC puede sacar ventaja de su edad, experiencias y forma de vida. Condiciones que lo vuelven un líder paciente pero determinado, un hombre prudente, ajeno a los exabruptos, conciliador y sin sobresaltos, sabio guerrero para seleccionar sus batallas. SSCha tenido una vida austera, a su edad sería ilógico tratar de volverse alguien que no ha sido. Su imagen pública de sencillez en su personalidad puede granjearle una buena aceptación de parte de la mayoría de salvadoreños.

Por los resultados en las urnas es evidente que los salvadoreños no desean gobernantes alejados de la realidad de su pueblo. Basta mirar la enorme aceptación en todos los sectores de la sociedad del país que gozan las figuras del papa Francisco y del presidente José Mujica, para entender el tipo de liderazgo que desean los votantes.

En El Salvador es evidente que ni el FMLN ni Arena pueden reclamar ser la primera fuerza política, los números no le dan ese aval a ninguno. La votación manda al diálogo.

Los aduladores siempre han sido perjudiciales para la política, en el momento actual para El Salvador lo son aún más. Ambos partidos mayoritarios y demás fuerzas vivas tienen que detenerse y hacer una profunda reflexión interna a la luz de los resultados electorales. Hubo una significativa cantidad de votantes de derecha que votaron por la izquierda y viceversa. El voto cruzado que hubo es síntoma de una gran insatisfacción interna como externa en los partidos y con la clase política en general.

El repudio hacia la corrupción y el autoritarismo jugó un papel predominante a la hora de emitir el voto por lo tanto no debe ser ignorado.

Los empresarios, políticos y miembros de la sociedad civil tendrán que ser más transparentes y en lugar de buscar contactos privados con el nuevo Gobierno deben hacerlo públicamente, total lo que se busca es lo mejor para El Salvador. El doble discurso y la doble moral tienen que acabar.

La situación demanda encontrar puntos de coincidencia, avenidas de aproximación y reglas claras que generen confianza para establecer un diálogo respetuoso de la identidad política de vencedores y perdedores, dónde cada quien juegue el rol asignado por la voluntad popular y juntos construir un verdadero plan de nación.

Finalmente, el resultado de las elecciones también obliga a la clase política a no seguir ignorando a los salvadoreños en el exterior. Tal cual fue demostrado en estos comicios, las subsiguientes elecciones presidenciales se definirán por el apoyo del voto en el exterior, el cual responderá a aquel partido o candidato que se identifique con este importante sector para la economía del país y que a partir de hoy es elector clave para definir los futuros gobiernos salvadoreños.

Las elecciones presidenciales de 2014 terminaron, pasemos la página y juntos escribamos una nueva que permita transitar hacia un mejor futuro para todos.