La falta de remedios golpea la salud de los venezolanos

El desabastecimiento alcanza desde insumos básicos hasta remedios importados
La falta de remedios golpea la salud de los venezolanos
La falta de medicinas e insumos médicos afecta con fuerza a los hospitales, donde no se consigue el alcohol, gasas y algodón.
Foto: Getty

Caracas – “Estaríamos condenando a muerte a muchos pacientes.” Las palabras desesperadas de Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica de Venezuela, resumen la desolación que embarga al sector de los medicamentos y, sobre todo, a los propios enfermos y a las asociaciones que los defienden.

La burocracia revolucionaria y las deudas acumuladas por la administración de Nicolás Maduro agudizaron la escasez y el desabastecimiento de medicamentos en la calle, una crisis que también se prolonga a los hospitales. Hasta el alcohol, las gasas y el algodón aparecen y desaparecen, por arte de una magia mezquina, a los ojos de los consumidores.

Las cifras, aportadas por distintas ONG, son demoledoras: 3,000 mujeres con cáncer de mama no consiguen tres medicamentos esenciales, tampoco hay agujas para punciones; 15,000 enfermos renales luchan por encontrar los remedios salvadores; 560 personas con linfoma no reciben tratamiento de quimioterapia. Y sólo se trata de tres ejemplos conocidos.

El peregrinaje de farmacia en farmacia es otro de los calvarios que sufren a diario los venezolanos en un país golpeado. Un ejercicio de paciencia y de olfato que en demasiadas ocasiones no se ve recompensado con el hallazgo de la medicina recetada: hipertensos, diabéticos, alérgicos y epilépticos sufren en busca de sus tratamientos.

“Tuvo suerte, señor. Éste es el penúltimo envase de carvedilol (una medicación para la insuficiencia cardíaca). Llévese los dos, no sabemos cuándo volverá”, animó la farmacéutica a un comprador.

Poco importaba que se tratase del genérico o que los comprimidos fueran de 12.5 cuando se buscaba de 25. Era el quinto local de Santa Mónica, en Caracas, en una búsqueda que se repite miles de veces todos los días con distintos protagonistas.

Hasta 20 farmacias recorrió Francisco Valencia, presidente de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud (Codevida), para encontrar carbamazepina, un medicamento anticonvulsivo que necesita su abuelo.

Su organización recoge reclamos y súplicas de todo el país. También coincide en la gravedad de la crisis. “Lo primero que tiene que hacer el gobierno es asumir la crisis para poder resolverla”, sentencia Valencia.

“La operatividad de nuestras empresas se está viendo limitada por el nivel de deuda en divisas que mantienen con proveedores internacionales, la cual suma en este momento $497 millones con un tiempo promedio de espera que supera los 200 días para la liquidación”, asustó en un comunicado a La Nación la Cámara de la Industria Farmacéutica (Cifar).

Feliciano Reyna, presidente de Acción Solidaria en VIH/sida, saltó a la palestra pública para contestar a Francisco Armada, nuevo ministro de Salud, que se preguntaba dónde están los enfermos de sida que se quejan de que no llegan los antirretrovirales.

Reyna puede presentar a muchos: en lo que va de año su organización donó tratamientos a 161 enfermos de Caracas ante las carencias de los centros de salud pública. A lo largo del año pasado y en todo el país, sólo la ONG de Reyna entregó alrededor de 300 tratamientos. “Estamos sufriendo un trimestre terrible”, insiste Reyna.

“Por las conversaciones que tenemos, en dos meses puede ser aún peor si el gobierno no toma cartas en el asunto”, vaticina Valencia, quien también se lanza a la caza y captura de medicinas para mantener “mi calidad de vida”. Es un trasplantado renal.

Los distintos voceros y enfermos consultados por La Nación conocen la dimensión de la deuda estatal, que afecta a todos los campos de la economía. “Pero lo peor es la negligencia, incluso más que la falta de recursos. Los procesos se estancan de forma insospechada”, resume el líder de Codevida.

El tomógrafo del Hospital de Coche es todo un paradigma de la ineficacia administrativa.

Una de las primeras medidas de Maduro fue la intervención de este centro de salud, tras el reclamo de 25 pacientes que no eran operados porque faltaba un anestésico. Entonces se decidió comprar un tomógrafo, recibido como si fuera una nueva estrella de la revolución.

Pero pasados 13 meses, “el tomógrafo sigue embalado y no ha sido instalado”, asegura Valencia.

Las consecuencias son devastadoras para los enfermos, hasta los medicamentos oncológicos llegan de forma irregular a distintas zonas del país. “Y la salud no espera”, apremia Codevida.