El barbero dominicano que fue costurero

Raúl Pérez asegura que nunca se deja de aprender del oficio por los nuevos estilos y modas que surgen
El barbero dominicano que fue costurero
Raúl Pérez a veces corta pelo, otras administra su negocio. Trabaja los siete días.
Foto: Joaquín Botero

Nueva York- Raúl Pérez (40) fue costurero antes que barbero, pero cuando la confección de ropa se empezó a encargar en el extranjero, no le resultó tan difícil empezar a cortar pelo hace quince años. En su juventud en República Dominicana había aprendido el oficio.

Ahora es dueño de la barbería City Cuts cerca al cruce de las avenidas Graham y Montrose en East Williamsburg, Brooklyn. Alquila el local desde hace cinco años, antes trabajaba a la vuelta y era empleado. Abrió su negocio ayudado con préstamos personales y, sobre todo, por la clientela que había cosechado como empleado.

El negocio está dividido en partes iguales por una pared: una para las mujeres y otra para los hombres. “Las mujeres dejan más dinero, a veces se hacen cosas que valen más de cien dólares, en cambio un hombre con doce pesos queda arreglado”, dice.

Pérez alquila los puestos, a veces dos turnos por día. Cobra $150 mensuales a los barberos y $175 a las peluqueras. Son contratos verbales que a veces llevan a conflictos. “A veces me dicen que no pueden pagar su cuota completa porque no pueden venir varios días, que tienen cosas personales. Pero yo no le puedo venir con cuentos al dueño del local cuando tengo que pagar el arriendo”.

Según datos del Departamento de Trabajo, en 2012 había más de 15,000 licencias activas de barberos en Nueva York. En los sectores hispanos el negocio es dominado por los dominicanos. Según Pérez eso se explica porque entre los quisqueyanos “se van ayudando y aprendiendo unos de otros y expandiendo”, dice. “Hay poquitos boricuas. No conozco mexicanos, ecuatorianos ni colombianos”.

Pérez asegura que nunca se deja de aprender del oficio. “Siempre hay nuevos estilos y modas que surgen o diseños raros y yo los voy aprendiendo”, dice.

Todos los días trabaja, a veces con las cuchillas y otras supervisando. Está casado y no tiene hijos. Dice que le gustaría pasear: “Ir pa’ Colombia, España, Cuba. En Puerto Rico viví cuando estuve de paso y también hice turismo, pero por ahora debo trabajar mucho. Hay que meterle muchas horas a estos trabajos para que dejen algo”.